Acompañando a volar

Ser padres es la tarea de mayor responsabilidad que asumimos los seres humanos. Es también el acto de amor más extraordinario que existe. Desde el principio de los días los padres han desempeñado un papel fundamental en el desarrollo y crianza de sus hijos. Sin embargo, no solemos estar preparados para soltarles. Soltarles y dejarles volar implica aceptar y respetar sus tiempos y sus incertidumbres. Como padres sabemos que nuestra tarea principal es prepararlos durante mucho tiempo para ese vuelo inicial , ofreciéndoles las herramientas, brindándoles un compás. Es enseñarles a comprender la importancia que tiene la dirección del viento y que muchas veces el Norte no está siempre delante nuestro. Es darles las alas y advertir cuando se avecina el momento en que las desplegarán y se darán al vuelo. Y allí estaremos, presentes, por si hay que ayudar a acomodárselas. Y los dejaremos volar.


Soy una madre gallina

Lo digo orgullosa, soy una madre protectora, soy una madre presente, fui una madre muy miedosa (digo fui, porque lo estoy cambiando). También se reconocer cuando me equivoco, cuando me paso. Como toda madre primeriza, con Matteo fui un poco más que solo madre protectora, fui muchas veces, una madre (SOBRE)protectora. Y no me avergüenzo en reconocerlo, no porque crea que está bien, sino porque considero que todos los padres somos novatos en esto, que a veces, algunos aspectos nos quedan grandes, que nos equivocamos a diario, y que junto a ellos, aprendemos. Eso me decía mi madre siempre: Hija, no nací siendo madre, estoy aprendiendo con vos. Lo mismo le repito a mi hijo. Y no hay verdad mas verdadera que esa. Todos los padres queremos lo mejor para nuestros pequeños. Y algunas veces lo que creíamos lo más conveniente, no lo es. O viceversa.

Y como buena madre gallina

Era la que iba detrás de él cuando se subía a un tobogán muy alto, cuando con año y medio subido a tu monopatín bajaba por la calle donde vivíamos, o la que estaba al segundo a su lado consolándolo cuando se caía, la que le ponía un body extra por las dudas o la que intentaba que no se meta nada en la boca cuando íbamos a una casa ajena. Pues sí, así era con Matteo. Y no lo soy con Malena. La dejo intentar y experimentar, la dejo caerse y levantar. La observo pero no le estoy encima. Es que es la segunda y, si, a mí que no me digan otra cosa, otra crianza que reciben (y esto será tema de otro post)

Cuando un día de febrero de 2017

recibimos la carta del jardin para informarnos que Matteo comenzaría ese agosto su primer año de Kindergarten, lo cual implicaba:

* Compartir ciertas decisiones sobre la crianza y educación de mi hijo con una institución, con personas que no conocía, que no me conocían, ni mucho menos a mi hijo. En este punto quiero recalcar que en Suiza los niños en edad escolar no pueden, por ejemplo, ausentarse durante el periodo lectivo, es decir, no puede uno como padre simplemente sacarlo de la escuela para irse de vacaciones. Se tiene una cantidad de días “comodines” que se pueden usar sin dar justificativo (por ejemplo en Canton Zurich, son 4 días en dos años lectivos).

* Los niños van y vuelven caminando al jardín. En muchos casos, hasta más de un kilometro, cruzando avenidas, bosques, etc. Era algo que me atormentaba.

* Y aceptar que mi pequeño, ya no era tan pequeño.

Un tsunami de sentimientos

se apoderaron de mí. Hoy no puedo explicarlo racionalmente. Pero si me dejan, puedo hacerlo desde lo emocional. Matteo era hijo único, hacía 4 años y medios que compartíamos el día entero juntos (exceptuando los dos días que yo trabajaba), que era mi eje, mi vida misma. Como a muchas de ustedes les pasará, cuando estamos viviendo “solas” en el extranjero, sin nuestra familia, de pronto ese “hijo” es tu única familia (entiéndase como familia de sangre) y te aferras incondicionalmente a ese amor que de por si ya existe.

Esa carta me sacudió

puso de patas para arriba mi mundo. Me sacó de mi eje, me descolocó. No podía decir que me había agarrado desprevenida, sabíamos desde que nació cuando comenzaría el jardín. Pero ahí estaba, llorando por los rincones, literalmente. No tenía una justificación a mis emociones. Matteo iba a una guardería, yo trabajaba, no iba a ser la primera vez que nos separábamos.

Y comprendí

que lo que sacudía mi interior tan ferozmente era hacerle frente a la idea de que era momento de acompañar esos primeros intentos de vuelo, era su momento de comenzar a desplegar sus alas. No volaría inmediatamente, pero iba camino a dar sus primeros intentos. Que mi rol, mi papel en su vida iba a tomar otro rumbo, desde otro nivel. Ahora me tocaba aprender a guiarlo y acompañarlo, de cerca, cuando pudiera, y que en algunas situaciones me tocaría desde lejos. Que habría otros acompañantes de viaje, ya no éramos solo mamá y papá. Pues si, era yo quien debía reencontrar mi norte, buscar mi brújula y era momento de empezar a dejarlo volar. Sus primeras horas de vuelo habían llegado. Era momento de dar sus primeros pasos en el que iba a pasar a ser su nuevo mundo, donde debería desempeñar un nuevo rol y yo debía dar un paso al costado. Debía comenzar a soltar.

Y como fue un gran evento (y coincidió con su cumple) su abuela vino a su primer dia de Kindergarten – agosto 2017

Volando alto

Sus alas crecen a medida que crecen sus pies y me toca comprar zapatillas nuevas cada dos por tres. Da sus pasos solo a diario a su jardín, invita a sus amigos a casa y determina muchas cosas en su vida. Es feliz en su nuevo mundo, donde se adapto de maravilla, donde formó su grupo, donde está con sus pares y donde pasa unas cuantas horas de su día. Y ahí estoy yo, acompañándolo, apuntalándolo, escuchándolo. Presente para cualquier duda de vuelo que surja.

Y como “no hay uno sin dos”

Y el resultado de ese remolino emocional que comenzó el día en que esa famosa carta fue dejada en nuestro buzón, hoy tiene dieciséis meses y un día, una cara de pícara terrible, unos ojitos preciosos ¿qué más decir? Si es la alegría de nuestro hogar y se llama Malena Aurelia. Como verán, como quien no quiere la cosa…

Malena con 9 meses – Julio 2018, Italia

Autor: entredinosychupetes

Soy Ana Laura, mamá, Licenciada en Turismo, viajera, conciliadora, apasionada de la lectura y dando mis primeros pasos en la escritura. Se me ocurrió construir este rinconcito para compartir mi aprendizaje a diario cómo (bi)madre lejos de casa, para que hablemos sobre la conciliación, la educación de nuestros peques...pero también sobre nosotras, Mujeres. De como lo intentamos, a diario, desde cualquier lugar del mundo. Te invito a que lo conozcas y formes parte de él.

3 comentarios en “Acompañando a volar”

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