Día de la madre

Mañana se celebra, en Suiza, Alemania, Estados Unidos y en unos cuantos otros países del mundo, el día de la madre. Un día especial para celebrar pero que también nos invita a reflexionar sobre nuestro rol en la vida de nuestros hijos, sobre nosotras, mujeres y la sociedad.

Pero quiero comenzar este post, ante todo y como corresponde, deseándole a todas esas madres ingeniosas, fuertes, leonas, conciliadoras, trabajadoras, emprendedoras, amigas, abuelas, hermanas, de todas partes del globo, un hermoso día de la madre. Un día simbólico: sí. Pero también un día de reconocimiento a la gran tarea de ser MADRE.

El hecho de que se celebre

en primavera, le otorga, desde mi punto de vista, un significado aún mas simbólico. Ya que ser madres es, dar vida, dar a luz, es florecer, es renacer. Es dar una mano, es no soltar en las dificultades, es estar presente incondicionalmente. Y por eso repito hasta el cansancio que ser madre es amar con i. I de infinitamente, incondicionalmente, instintivamente, intensamente, increíblemente. Todas estas palabras reflejan y abarcan una pequeña porción del enorme significado de la palabra MAMÁ.

Embarazada de Malena junto a mi madre Susana

Muchas noches, en las que no caigo rendida dos minutos después de apoyar la cabeza en la almohada y dejo a Mitja mirando alguna serie de Netflix solo, porque no logro mantener los ojos abiertos, bueno, en aquellas noches que no me sucede eso, reflexiono sobre mis actos, mi relación con mis hijos, me autoevalúo y llego al resultado de que termino siendo muy injusta conmigo misma. Es que las madres de mi generación (y como dice mi madre) contamos con acceso (constante) a mucha información, a veces mal interpretada, a veces no corroborada, terminamos frustrándonos cuando no hacemos al pie de la letra lo que dice el libro o blog sobre crianza, ó porque no logramos la perfección en nuestra casa como la instagramer que seguimos hace meses, ni logramos que nuestros hijos se comporten en el restaurant como los de la familia sentada al lado nuestro. De hecho, les confieso, dejé de seguir en Instagram a una mujer que tenía bajo control su familia, su casa, sus viajes, su pelo, su vestuario. Soy consciente que es su trabajo, que lo hace con mucha dedicación, vive de ello y cuenta con equipo de fotógrafos, maquilladores y niñera. Pero, inconscientemente, me creaba un estrés innecesario. Un anhelo de algo imposible, una realidad paralela. Pero sirvió para hacerme dar cuenta que mi mayor problema radica en la vara con la que me mido, con la que nos medimos. Chicas: suele estar muy alta!. Y, eso, solo nos perjudica.

Debemos ser capaces de reconocer y valorar nuestro trabajo de hormiguita, diario, criando a nuestros peques. Es por ello que quiero compartir con ustedes algunos aspectos que considero realmente importantes a tener en cuenta a la hora de juzgarnos, de medirnos, de planteos maternales.

  • Todas las madres criamos de la mejor manera que podemos y creemos. Ninguna madre perjudicará a sus hijos con intención. Dejemos de compararnos y de criticar a las otras madres que lo hacen diferente.
  • Hay madres que dan la teta, las hay también que prefieren dar la mamadera, hay madres que prefieren mezclar. Cada una tiene sus razones, no debemos tener prejuicios con quién le da el pecho a sus hijos hasta los 4 años o quien prefiere evitar la lactancia. Cada cual tiene sus razones.
  • Que hay madres que prefieren o tienen que trabajar al 100%, hay también las que prefieren no volver a trabajar, hay aquellas que solo pueden o quieren hacerlo un par de veces a la semana. Que los niños vayan todos los días a la guardería, o no vayan nunca, es una decisión personal. Y no lo olvides, CADA UNA tiene sus razones. No debemos juzgar.
  • Que un día no te sientas con ganas de tirarte al piso a jugar, no es pecado. Nos pasa a todas. A TODAS. Un día que no lo hagas, no le creará un trauma a tus hijos.
  • Que un día olvides mandarle la caja de zapatos que pidieron en el jardín, que olvides la clase de natación, la cita con el médico, nos pasa, A TODAS. Es ser madres.
  • Darles spaghetti con manteca o salchichas con pure, una vez cada tanto, no les hará mal. Todas tenemos días que no tenemos ganas de cocinar. O no tenemos el tiempo de hacerlo.
  • Que a veces te vayas a la cama mal, porque quizás ese día te pasaste con algún grito, que no tuviste la paciencia necesaria al hacer juntos una manualidad o las magdalenas. ES NORMAL. NOS PASA. A TODAS.
  • Y aunque se caiga el vaso lleno de yoghurt por tercera vez consecutiva y nos toque limpiar el piso y la mesa, aunque las manchas de la boloñesa no salga de la ropa, o que pasemos malas noches sin dormir, es parte de lo que nos toca y quejarnos al respecto con otras madres, no nos hace ser mejores o peores. Simplemente nos hace MADRES.
Mis hijos

El día que dejemos de ser injustas con nosotras mismas y con el resto de las madres, estaremos convirtiendo a la sociedad, lograremos mayor grado de empatía, solidaridad y tolerancia. Criaremos hijos más felices y con menos prejuicios. Bajaremos el grado de frustración que solemos tener cuando no cumplimos con las “¿reglas?” y “¿objetivos?” establecidos por ¿quién?. En la mayoría de los casos, por nosotras mismas.

Y para finalizar

Les comparto un trozo de un texto que llegó a mis manos hace muy poco tiempo, que no deja de darle vueltas en mi cabeza y me llevó a muchas noches de reflexión. El autor (por una breve investigación que hice en internet descubrí que su nombre es Roy Galán, espero estar en lo correcto) describe y escribe a su madre. Y esa es la parte más bonita y más interesante, porque lo hace desde su visión como hijo.

“Mi madre siempre fue algo mucho más que mi madre. (…)
Del mismo modo que lo era antes de darme a luz. (…)
Mi madre siempre mantuvo deseos que no tenían que ver conmigo.
Porque ella tuvo que ser libre primero para enseñarme a mí a ser libre con su ejemplo.
Mi madre me dio todo lo que necesité pero no todo lo que tenía.
Para algunos eso es de ser una mala madre egoísta.
Y yo lo único que sé.
Que nunca conocí a nadie.
Que se muriera.Habiendo amado tanto la vida.
Como lo hizo ella.”

Chicas, mujeres, leonas, madres: deseo que aprendamos a disfrutar de cada nuevo día siendo madres, con sus errores y sus aciertos, con sus días de poca paciencia y hormonas revolucionadas, como esos días de plenitud total. Y deseo también que no olvidemos que seguimos siendo Mujeres, al igual que antes de ser madres. No hay que relegarnos, hay que saber buscar también un tiempo para dedicárnoslos a nosotras mismas, que tan bien merecido lo tenemos. Y tengan en cuenta también que nuestros hijos se benefician cuando sus madres están bien consigo mismas, cuando disfrutan, cuando están contentas.

Autor: entredinosychupetes

Soy Ana Laura, mamá, Licenciada en Turismo, viajera, conciliadora, apasionada de la lectura y dando mis primeros pasos en la escritura. Se me ocurrió construir este rinconcito para compartir mi aprendizaje a diario cómo (bi)madre lejos de casa, para que hablemos sobre la conciliación, la educación de nuestros peques...pero también sobre nosotras, Mujeres. De como lo intentamos, a diario, desde cualquier lugar del mundo. Te invito a que lo conozcas y formes parte de él.

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