Porque me importas…

Y me preocupo por vos, hoy decido quedarme en casa y cuidarte. Y de esta manera deberíamos actuar todos, como adultos responsables.

Hace exactamente una semana, vivía en una realidad paralela. Hasta ese momento, estando en Argentina, el Corona Virus era algo lejando, aunque la situación iba cambiando diariamente. Las noticias reportaban al respecto constantemente, pero en la calle, fuera de que no se conseguía alcohol en gel, la gente seguía saludandose con un beso (incluído doctores), la gente se daba la mano, los vuelos internacionales seguían aterrizando en Ezeiza.

En mis chats “suizos” de Whatsapp la realidad era otra, mucho más inquietante. Hasta se hablaba de falta de insumos en los supermercados (algo totalmente impensado en Suiza, porque en mis 14 años acá no me tocó vivirlo nunca).

Algunas góndolas vacías

Llegar a Suiza en pleno avance desaforado del virus, el cambio de estatus a pandemia, el cierre de fronteras en países vecinos, nos dió un baño de agua helada y la preocupación comenzó a crecer dentro de nosotros. Sin entrar en pánico, fuimos ajustandonos a este nuevo sistema de vida transitorio, esperemos. Home office para muchos, trenes vacíos, distancia entre personas, manos secas de tanto lavarlas y tanto desinfectante, recluirnos en casa.

De a poco los niveles de nervios y ansiedad en la sociedad se hicieron visibles y ya hay faltantes en farmacias de medicamentos que poco tienen que ver con el virus, mensajes en todos los idiomas sobre precauciones y explicaciones de un virus que pasó de ser algo lejano que afectaba en China a nuestro pan de cada de día en Europa y el mundo, a vuelos cancelados, bolsas en baja. Y lo que vendrá.

Pero volviendo al origen del título de este mensaje:

Porque me importás y te aprecio, me quedo en casa. Porque así como te confío a mis hijos cada viernes, y vos cuidas de ellos como si fueran tuyos, hoy nos toca cuidarte a vos.

Betty, la señora que los cuida es una mujer fuerte, fuertisíma, pero que pertenece al grupo de riesgo por muchas razones. Y por eso la cuidamos. Es lo que corresponde y lo que les pido a la sociedad. Cuiden de sus mayores y de todas las personas de alto riesgo. Ellos harían lo mismo con ustedes. No dejen a sus hijos al cuidado de ellos, hagan las compras por ellos, no los besen, ni los abracen ni compartan cubiertos, vasos, etc. Mantengan la distancia necesaria. No es alejarnos,dejarlos solos, es cuidarlos.

Mujeres emprendedoras

un pequeño reconocimiento a todas aquellas mujeres que se animan a emprender y seguir sus sueños.

Esta foto resume (y encuentra) a dos grandes emprendedoras: mi hermana Cecilia, de la marca de zapatos Cecilia Furlan, junto a los accesorios de la marca Muak de mi amiga Carolina.

Una vez, alguien me dijo, “vosotros, los argentinos, sois de montar vuestros propios negocios”. Lo cierto es que hasta ese momento, no había reparado en ello. No hacía falta pensar mucho, allí estaban, ellos, los emprendedores: en mi familia, dentro de mi grupo de amigos. Para mi grata sorpresa, un gran número de ellos, eran ellas. Ellas, las grandes emprendedoras. Mujeres fuertes, madres, conciliadoras. Mujeres que fueron un poco más allá del solo deseo de hacer algo. Dejaron de soñarlo, lo plasmaron en sus creaciones.

Y aunque el día de la mujer es todos los días

Quiero, desde aquí, hacerles un pequeño reconocimiento a algunas de esas mujeres, amigas y emprendedoras, que a diario le ponen toda su garra a lo que hacen y que nos demuestran de lo capaces que somos de hacer lo que nos gusta.

Emprender en tierras lejanas

no es tarea fácil, lo sé por experiencia propia (pero esto se los cuento en otro post, quizás, alguna vez). Sé de la cantidad de papeles, documentos que requiere tener tu propia empresa (sin contar, por supuesto, la parte financiera). Pero, es aun más difícil emprender en otro idioma, en otro país. Emprender en otra cultura. Intentar entender esa cultura. Es por todo esto que valoro aún más la garra que Carolina y Vicky invierten a diario para que sus proyectos sigan adelante.

Se las presento:

Caro, es argentina, diseñadora gráfica, llegó a Suiza en 2012 y es la creadora, administradora y dueña de una tienda online de accesorios boho chic. Sus productos son 100% hechos a mano, y en muchos casos, por ella misma. Un trabajo impecable y admirable. Un trabajo de hormiguita que se refleja en los increíbles resultados finales (y ni hablemos del packaging que tiene, por eso digo, está en cada uno de los detalles). Por supuesto que les dejo su web para que vean las cosas increíbles que hace www.muak.ch

Atrapasueños (dream catchers) hechos 100% a mano por Caro

Vicky, también argentina, vive en Suiza desde hace más de cinco años, es madre, pastelera, trabajadora y aparte de todo eso, hace de las tortas obras de arte. Lleva años cumpliendo cada deseo de mis hijos en sus cumples, por más difícil que sea. Sus tortas terminan SUPERANDO toda expectativa (Y ella termina siendo experta en volcanes y dinos jurásicos, en Ninjagos, aviones, animales del bosque, etc). Sus trabajos son cuidados minuciosamente, sus obras dejan a todos los invitados con la boca abierta, o los que atinan a decir algo, solo dejan escapar un “wow”. Las invito a que vean su web www.fiveoclockcakes.com y no me digan después de que no les avisé.

Torta de cumple de Malena con temática animales del bosque

Y emprender en su propia tierra

Una de las creaciones Cecilia Furlan (bota Piove)

Puede tener sus beneficios (el idioma), pero también es cierto que emprender en nuestro querido país puede ser una verdadera montaña rusa. Mi hermana del medio, a quien admiro profundamente, es una gran emprendedora. Desde 2012 que se animó a independizarse y crear su propia marca de diseño de zapatos: Cecilia Furlan (www.cecifurlan.com).

Siento profundo orgullo por ella, por cada uno de sus diseños, por su arte plasmado en un zapato, por su capacidad de entrega, en cada pedido, por más difícil que sea. Pero, sobre todo, su entereza y su fuerza para sortear los mil y un obstáculos que se presentan, cuando hay cortes, cuando hay paro, cuando el cuero que compro la semana pasada no se consigue más, porque se recorre medio Buenos Aires en colectivo, subiendo y bajando su carrito lleno de hormas, de Palermo a Boedo, a veces Ituzaingó, Caballito, Recoleta, Once. Porque veo en su labor diaria el amor que siente por lo que hace. Por la lucha constante, porque no baja los brazos, porque la rema. Porque no hay mayor recompensa que levantarse todos los días sabiendo que vas a hacer lo que te gusta. Sorteando todos los obstáculos, creciendo a diario.

Unos de mis favoritos, aunque elegir es tarea difícil (Nina) http://www.ceciliafurlan.com

Todas ustedes, mujeres emprendedoras, se merecen mi más profundo respeto y admiración. Y sepan que cada vez que renuncian a un fin de semana largo por terminar una entrega, a una salida con amigos porque tienen un cliente, cuando toca buscar una babysitter para poder terminar una torta, o cuando se pasan el fin de semana en una feria – incluidas en las que hay poco público, o público difícil- están creciendo, están superándose. Y no hay mejor recompensa a tanto sacrificio que el halago y la satisfacción en el rostro de quién se lleva una partecita de ustedes.

Y sé también de la linda sensación que produce el saber que están haciendo lo que siempre quisieron.

¿Y que mejor que eso?

Manos a la obra…(literalmente)

Hace tiempo que quiero contarles (y mostrarles) el resultado de varias noches de trabajo, transformando parte del sótano en una sala de juego para los nenes.

En primer lugar: aclaro que somos novatos totales, ya que más allá de la decoración, que es mi pasión, hasta Octubre del año pasado no habíamos hecho nada similar. Fue la primera vez que nos embarcamos en un proyecto de tal magnitud. Nos acompañaron las ganas, ilusión, la ignorancia y unos cuantos tutoriales sobre construcción, pisos, socalos, empapelados, etc.

Existen dos razones para sumergirse en esta clase de proyectos: ó una necesidad (llamese existencial) ó por un deseo personal de renovación, creación, superación. Pero dejando de lado la parte filosófica de la cuestión, alguna foto vista al azar (o no) en Instagram o Pinterest puede desencadenar los hechos.

En este caso, el disparador fue una charla con Matteo mientras se bañaba. No recuerdo exactamente la conversación, pero evidentemente me iluminé, llamé a Mitja a los gritos y le dije: Transformemos el sótano en un “Spielzimmer”.

Por supuesto, el sótano no era un espacio habitable (hasta el momento solo los muebles viejos se habían atrevido a pasar alguna temporada allí debajo, sin consentimiento). El piso y paredes eran de cemento, no tenía buena luz, ni calefacción. Mi idea no llegaba a ser un disparate, pero tampoco algo sencillo de llevar a cabo. Convencer a Mitja no fue díficil. Llevabamos mucho tiempo dandole vueltas al sótano y su uso. Pero también ver los tutoriales sobre como el piso, fue una jugada estratégica. Eso si, parecía más sencillo de lo que realmente es.

El fin de semana siguiente estabamos los cuatro camino a Jumbo, donde compramos el piso, pintura para las paredes, aislantes, socalos, máquina para cortar la madera (perdón, no se su nombre en español), aislantes para el piso, finalizadores, etc. Y yo que hasta ese momento no distingüia entre un clavo y un tornillo…que mundo el de la construcción!

Todos contentos, comenzamos por esperar que los nenes se duerman, cada noche, durantes dos meses y medios. Ellos dormidos, ropa cambiada, bajabamos al sótano a vivir nuestra aventura diaria. Pintamos paredes, manchamos ropa. Pintamos la escalera (que no estaba previsto), rellenamos agujeros con cemento…Y cuando creíamos haber superado la primer etapa, llamese pintura, mi suegro nos hace ver que dejar una pared de cemento, como teníamos planeado, era poco cálida para la sala de juegos…

Viendolo a la distancia, fueron palabras mágicas. Pude así desquitarme con algo que llevaba tiempo queriendo hacer y compré un empapelado divino. Al mismo tiempo, hice un curso de diseño de habitaciones que fue literalmente un fiasco total, a cargo de una señora que no tenía ni idea ni gusto. Experiencias…

Tardamos horas enteras en poner el piso. Entre cortar la madera de manera correctamente, poner y sacar, se nos pasaban las horas de la noche. Durante los fin de semanas la madrugada nos encontraba con ropa de fajina, serruchando, cortando, pero divirtiendonos como dos niños. Lo que en el video nos iba a llevar 3-4 hs nos tomo casi 20. Y luego, empapelamos. No fue díficil porque tengo un marido exacto, suizo, prolijo y milimétrico. Creo que sola, la torre de Pisa iba a parecer recta ante mi empapelado. El último paso, los sócalos, fueron el broche de oro. Y como esperado, el sótano devenido a pieza de juegos, estuvo listo pocos días antes del cumple de Male.

Aún quedan detalles que queremos terminar, sin embargo, decidimos tomarnos unos meses en off para recargar energías y pensar en nuevos proyectos (aunque Mitja tiembla solo de la idea). Pero no podemos estar más orgullosos, y aunque suene un poco arrogante, el trabajo esta impecable. Lo mejor de todo, las horas que pasamos juntos allí, divirtiendonos a montones!

Full House

Recibir visitas cuando se vive lejos puede ser uno de los momentos más especiales del año y el más esperado.

Cuando vives lo suficientemente lejos de casa, las visitas de familiares y de amigos se cuenten en semanas y no en días. Estas visitas y al mismo tiempo, reencuentros suelen ser muy esperados, van de la mano de una gran carga emocional y en más de una ocasión, de algún desencuentro.

Recibir estas visitas te hacen sentir muy afortunado (supongo que en la mayoría de los casos, aunque se de algunos desafortunados). La espera se suele hacer larga, el tiempo de disfrute, corto, y las despedidas, cada vez más difíciles. Los días son intensos, las actividades se multiplican (al igual que las lavadoras), la rutina queda de lado, los recuerdos salen a la luz, las fotos abundan, las charlas (y mates) son el pan del día, se ríe hasta las lágrimas, se formatea y, en caso de ser necesario, se hace un pequeño “update” en las tendencias del lenguaje materno, se recuerda a los que ya no están, pero que estuvieron y se generan hermosos momentos, que serán los recuerdos que serán recordados en las próximas visitas.

En nuestro caso, nos encanta recibir visita. Creo que en promedio recibimos anualmente más de alguna. Disfrutamos muchísimo ser anfitriones. Muchas veces nos preguntan si no nos cansamos, a lo cual siempre respondemos que hay diferentes variantes de disfrute y por lo tanto, de visita, pero siempre fueron positivas. Las hay que se repiten todos los años y tal es el grado de confianza, que poco hace falta hacer, las hay únicas y las hay más elocuentes. La verdad es que, en casi 14 años recibiendo gente en casa, no tuvimos nunca una mala experiencia. Las hay mejores y peores, las hay más especiales, pero ninguna que no repetiríamos.

Por supuesto que a mi marido le encanta recibir “mi gente” de la misma manera que a mí. Este dato no debería pasar desapercibido, porque no es algo que sucede con tanta comprensión y naturalidad.

Pero también las visitas implican “convivir” con ideales y pensamientos diferentes, costumbres olvidadas o ajenas. Pero, por sobre todo, son espejos, en los cuales hemos dejado de mirarnos, conscientemente. Son cajones cerrados, empolvados y olvidados, que un día, por que así lo quiere la historia, vuelven a abrirse. Por que en algunos casos son cicatrices que aún estan curando y a pesar de las curitas que se pueden llevar encima, duelen por debajo. En otros casos, el reencontrarse nos encuentra en frequencias diferentes, con vidas opuestas.

Estas últimas semanas estuvimos acompañados de mis hermanas y mi papá que vinieron a acompañar a Male en su segundo cumpleaños y celebrar las fiestas en familia, en el frío, con nosotros. Es un gran sacrificio que nos hace felices a todos. Porque ellos se llevan los mejores recuerdos y nosotros, nos quedamos con ellos, atesorados, fuerte.

Yo, por mi parte, sigo abriendo las puertas de mi casa, sigo apostando a las visitas. Porque llenan el alma, porque son pequeños regalos que recibimos, es un canal de transporte a aquella tierra que nos vió nacer. Es volver a sentirse en casa, lejos de la misma. Y cuando se van, que pena da!

Magia y Balances

Me encantaría pertenecer a las personas que en vísperas de navidad decoran la casa entera con motivos navideños, llevan pulóveres de renos, papa Noel y hornean galletitas por centenas. Puedo adjudicarlo a mi falta de empatía por dichas prendas o mi poco talento en la cocina. Pero la falta de interés en la decoración es un enigma. Como sabrán, es uno de mis hobbies preferidos. Por lo tanto, supongo que tal desinterés debe remontarse a mi infancia, mi país y mis orígenes. En tema espíritu navideño, los europeos y norteamericanos son imbatibles. Supongo que el clima ayuda. El frío, la nieve, luces, velas, vino caliente y estar dentro de casa, calentitos. Todo esto, totalmente innecesario, por nuestras latitudes.

A pesar de ello, en casa, no privo a mis hijos de hacer galletas, de decorar el pinito, y tener sus pijamas navideños. Admiro a mis amigas, que decoran la casa puesta de pies a cabeza con estilo festivo. Dan ganas de quedarse. Sin embargo, no nacen en mi las ganas de tenerlo así.

Yo soy más de las que hacen tarjetas para enviar, calendarios con fotos para los abuelos, me encargo de comprar los regalos para todo el mundo. Hasta hace dos años, un verdadero desafío, porque después de tantos años regalando a mis suegros (quienes todo lo tienen), me había quedado sin ideas. Para simplificar el estrés que supone la búsqueda de regalos para todos, hace un tiempo que decidimos que entre los adultos jugamos al amigo invisible y de esta manera resolvemos un tema tan tedioso. Las reglas son simples, a los niños se les regala y el precio del obsequio debe ser aproximadamente como lo eran los regalos de los años anteriores.

En lo personal, celebrar la Navidad en invierno (y de manera tan diferente) fue un reto importante en mis primeros años como extranjera en Europa. Hoy, no sabría decir, si las prefiero con calor (y léase mucho) o con frío (pero sin nieve, ya que nunca tuve esa suerte). Sí estoy convencida que la Navidad con la mesa llena lo vale todo. Si, extraño esas mesas en el patio, con la familia reunida, con los abuelos (y personas) que ya no están.  Pero la mesa de hoy tiene a dos de mis integrantes preferidos, que digo, mis dos integrantes preferidos. 

Pero hoy también vivo la Navidad a través de los ojos de mis hijos. Esa chispa que brilla durante toda la noche, esa ilusión y esa inocencia. Hace años que haberme convertido en Papa Noel (o niño Jesús, como es aquí) es una de mis tareas preferidas. No porque me vaya a disfrazar, sino que poder sorprenderlos llena mi corazón. Poder tener la dicha de compartirlo este año con mis hermanas y mi papá, que viajaron desde Argentina para pasarla juntos, tiene ese plus tan especial.

Esperando al Christkind con mucha ansiedad

Creo de suma importancia enseñarles a nuestros hijos el verdadero significado de la Navidad, el valor de la familia y de los amigos, y que mejor momento para hacerlo que este, donde las familias se reúnen, se reencuentran.

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De vacaciones, pero durmiendo en casa

Estás vacaciones se nos vinieron encima. No tuve ni tiempo de desempacar mentalmente las maletas del verano, que ya teníamos las vacaciones de otoño a la vuelta de la esquina.

No estaba preparada para ello ni mental ni físicamente. Ni para hacer las valijas nuevamente, tampoco para elegir destino, ni para sentarme en un avión ni mucho menos, en un auto por varias horas. Era incapaz de pensar en un destino, de buscar alguna oferta de last minute. Vamos, que lo mío era vacaciones modo off en todos los sentidos.

Por lo que la decisión sobre que hacer durante dos semanas fue muy sencilla, ya que con Mitja estabamos sincronizados en pensamientos y sentimientos, y por ende, no había de su parte interés alguno en viajar. Esto no fue siempre así, ya que en algún momento del año fantaseamos con irnos a Valencia, de modo que teníamos pedidos los días, lo cual facilitaba la situación.

Contando con la mayoría absoluta de los mayores de edad residentes en nuestro domicilio, llegamos a la conclusión que: vacacionaríamos dentro de Suiza, haríamos las cosas que teníamos pendientes hace mucho tiempo, visitaríamos diferentes sitios, pero dormiríamos en casa. La base de partida era nuestro hogar. Las actividades y excursiones serían decisiones espontáneas (mínimamente el 50% de los genes de esta casa lo son) y acomodaríamos nuestra agenda de acuerdo al tiempo. Tuvimos muchísima suerte y la que la mayoría de los días pudimos estar fuera. Y lo mejor de todo, al final del día, volvíamos a casa y la cama, era la nuestra.

Con poco equipaje, total a casa volvemos a dormir

Por si alguna de ustedes se encuentra en la misma situación, o está planeando en el futuro pasar unos días libres con niños en Suiza, les dejo un par de ideas para disfrutar de unas vacaciones en casa, pero descubriendo lugares:

  • Natur-und Tierpark Goldau: Es un parque natural enclavado en medio de Suiza, con rocas gigantes que forman parte de paisaje único, pero que son producto de un derrumbe ocurrido en el año 1806. Viven en el cabras, osos, linces, zorros, lechuzas, buhos, lobos, renos, ciervos, cervatillos, etc. El restaurant Grüner Gans es super recomendable y si lo que les apetece es ir de picknick, hay mesitas dispuestas en el parque para ello. El high-light, aparte de los osos, son los dos parques de juegos enormes en medio de la naturaleza. El precio de la entrada es por adulto, 20 CHF, niños de 6 a 16, 10 CHF, o grupo familiar (max. 2 adultos) 55 CHF.
Malena sorprendida por las cabras
  • Naturhistorisches Museum en Berna: Un must para los fans de los dinos, en especial, T-REX, hasta el mes de marzo. Con la entrada al museo, se puede acceder a la exposición de Kennen wir uns?, con dinosaurios en tamaño original, en movimiento, que dan miedo a más de uno. La entrada es sumamente accesible, niños hasta 16 gratis, adultos 10 CHF (creo que es la primera vez que pago tan poco en un museo suizo). Más allá de esta super expo de dinos, el museo en si mismo es excelente, de fácil acceso, con actividades didácticas para los niños y adultos. (https://www.nmbe.ch/en )
Naturhistorisches Museum
  • Planetarium en Kreuzligen: Todos los miércoles se puede acudir al Bodensee Planetarium después de las 19 horas. Durante el fin de semana hay presentaciones sobre la galaxia, estrellas, agujero negro, etc. Toda la información necesaria sobre horarios, edades, etc. la encuentran en la web del mismo. Precios: Adultos 12 CHF, niños hasta 6, 3 CHF, hasta 16, CHF 6. (https://bodensee-planetarium.ch/)
  • Aeropuerto de Zúrich: ofrece visitas guiadas en bus de aproximadamente 1 hora, donde se accede a diferentes sectores del aeropuerto, entre ellos, sino que se puede vivenciar en directo el despegue y aterrizaje de los aviones a solo unos metros de distancia, en el cruce de las pistas. Para los más pequeños, El aeropuerto cuenta con una torre de control y avión tamaño niños para que puedan jugar. Precio: Adultos 10 CHF, niños de 6 a 16, 5 CHF. En la página web del aeropuerto pueden encontrar más Info respecto a los días
  • Indoors (en nuestro caso fuimos a Formel Fun, que nos queda cerca de casa). Hay muchísimos, los hay para todas las edades y son siempre una buena excusa para pasar tiempo en familia en días de lluvia.
  • Jucker Farm con figuras hechas en calabaza, desde toda clase de animales, dinosaurios, tractores, autos, gafas de sol. Vamos, lo que se les ocurra. Y, se puede comer muy rico. ( https://www.juckerfarm.ch/ )
Todo hecho con calabazas

Y si no son suficientes, o ya las conocen, etc. les recomiendo visitar la web de www.freizeit.ch, donde encontrarán actividades para hacer para todos los gustos, edades, épocas del año, etc.

Las vacaciones continúan hasta el domingo, pero Mitja y yo ya nos reincorporamos a nuestra rutina de trabajo y de a poco, en casa, las actividades son más caseras, muchas manualidades y volviendo a los horarios, para que el lunes cuando suene el despertador, Matteo pueda despertarse sin tener unas ojeras kilométricas.

Queda prohibido olvidarnos

Se que somos muchas las que nos relegamos durante la maternidad.

Somos muchas las que nos olvidamos, de nosotras mismas.

Relegamos nuestro rol de mujer, dando así  lugar y prioridad a nuestro nuevo rol de madre.

Esos roles son combinables, son compatibles y complementarios. Pero lograr el equilibrio y la fracción correcta, necesita de dedicación y tiempo. No es muy dificil pero tampoco fácil.

Relegamos también nuestra carrera, nuestros intereses.

Se pueden combinar, pero el trío mujer, madre y carrera, supone de cierta complejidad. Y de mucho esfuerzo y organización.

Ahora si a esa última combinación queremos agregarle estudios y/o reorientación profesional….entonces… ¿es catastrófico?

Supongo que no. No debería serlo. Pero tengo la convicción de que dar con el resultado de la ecuación puede resultar complejo y puede llevar años en encontrarlo.

Llevo años quejándome sobre mi malestar profesional, echándole la culpa al país, al idioma, a la idiosincrasia, a mi falta de tiempo. Llevo años actuando como una niña más que es incapaz de asumir lo que es tangible, lo que tiene frente a sus ojos. Esa niña que busca en el otro la culpa y de esta manera puede contrarestar de mejor manera su malestar.

Y así, pasa el tiempo.

Bajo excusas que excluyen aquello que nos quita el sueño. Que nos mantienen, por momento, tan a gusto en nuestra zona de comfort. Al fin y al cabo, es más simple. Es lo que conocemos. A lo que nos acostumbramos. Día a día. Y de la mano, la rutina, encargada de que todo fluya.

Pero ¿no es eso un estado mediocre?

Creo en que hay cosas que deben fluir. Momentos en los que hay que soltar y dejar que suceda.

Pero están esas otras cosas, esos otros momentos, que esperan pacientes a que las tomemos en serio. A qué le brindemos la oportunidad de actuar. Y lucirse.

No es tarde. Nunca lo es.

Siempre es posible Reorientarse. Reencontrarse. Reinventarse.

Ya estoy en ello. Llegó el momento.
En mano tengo los documentos de diferentes carreras, el contacto de una Psicologa especialista en ayuda vocacional y muchisímas ganas de emprender aquello que llevo años relegando.

Estoy convencida que solo lograré resultados diferentes cuando comience a hacer las cosas de manera diferente. Y en eso mismo estoy.