Una escapada de a dos

Después de ocho años, y un viaje fallido a Roma de por medio gracias al COVID, nos llegó el momento de escaparnos un fin de semana SOLOS.

Maldivas, 2010

Tardamos bastante en animarnos, pero lo valió cada instante. Fue un reencuentro como pareja, como dos personas adultas. , logramos superar las dos horas que solemos tener cuando nos vamos a una cena y pasamos la mitad del tiempo hablando de los niños. Ese fue el mayor éxito, volver a hablar sobre nosotros, sobre cada uno como individuo, como ser sin título de padre-madre. Fueron momentos donde volvimos a contemplar el silencio, que volvimos a leer un libro sin interrupciones.

Diez años atrás, en nuestra ingenuidad

La escapada fue el resultado de 10 años de casados. Hace una década dabamos el sí y nos ibamos un día después a las Maldivas, donde en una estrellada, a orillas del mar Mitja me dijo: En 10 años volvemos (y yo respondí: “no, acá no, ya conocemos, vamos a las Seychelles”). Ingenuos al cuadrado, como no nos imaginamos que nos encontrariamos viviendo una pandemia, con aislamiento, sin posibilidades casi de cruzar fronteros. Eramos tan jóvenes y naiv que por supuesto, no se nos ocurrían esas cosas.

Suiza, 2020 …

En los siguientes 8 años no nos fuimos ni al Tessin solos (cantón italiano en Suiza), así que siéndoles sincera, la idea de Maldivas o Seychelles no solo quedaba muy lejos sino que totalmente descartada. Primero teníamos que animarnos a subirnos a un avión solos (por separado lo logré después de seis años). Dejar a los nenes con sus abuelos 48 hs era más factible que 168 horas, incluídas varias de avión. Por lo tanto, Roma, la ciudad del amor, era el destino ideal para dar el primer paso y animarnos a la aventura. Roma, capital del Imperio (yo, fanatica de la historia, mi marido, del imperio). Roma, mi pendiente número uno hace tanto tiempo.

En febrero, nuevamente siendo ingenua como hace diez años, compramos los billetes para volar en Junio. El resto es historia, la pueden encontrar en cualquier periódico, radio, programa televisivo.

De modo que el tan planeado viaje por los diez años de casados sucedió dentro de los límites de Suiza. ¡Pero que bien la pasamos! Un hotel increíble, súper recomendable, en un bosque encantado, en la zona más bonita de Suiza, con gente encantadora que trabaja allí (no siempre es el caso en este país), restaurantes para todos los gustos, una decoración con muchisímo estilo, habitaciones de ensueño. Por si quieren echarle un vistazo (https://www.waldhaus-flims.ch/en/).

Por lo que el viaje fue todo un éxito, incluído el viaje en el Jaguar para “dos personas” prestado por mis suegros (descapotable, pero con la lluvia que cayó no hubo forma de probarlo) y la contractura que tuvimos de estar sentados tan bajos (evidentemente no estamos hechos para coches deportivos, mejor nos quedamos con nuestro SEAT)…Humor aparte, fue un fin de semana para el recuerdo.

Y ustedes, ya se animaron a un fin de semana solos? A un viaje largo?

¿Qué querés ser cuando seas grande?

Gramaticalmente incorrecta, es una pregunta presente en la infancia de muchas personas. A la mayoría de nosotros nos tocó responderla – y muchos de nosotros, esos niños ahora adultos- somos quienes la formulamos.

La mayoría de los niños tienen una respuesta a esa pregunta, es como si estuvieran preparados para responderla o simplemente es la posibilidad que tienen los niños de imaginárselo todo, de no sentir las limitaciones ni los prejuicios adultos. Es por ello, que las respuestas pueden ser bastante ocurrentes, muy inocentes y/o con mucha convicción.

Supongo que entre el libro que estoy leyendo, mis ganas de seguir aprendiendo, las dudas sobre mi carrera, las charlas con amigas, mi hijo de ocho, que se preocupa porque no tiene una respuesta clara al respecto, hicieron que esa pregunta que hacía tantos años no escuchaba, volviera a resonar en mis oídos.

Por lo que, la suma de estos factores y el día de la infancia en Argentina, despertaron mi curiosidad desaber si “alguien” llegó a ser lo que quería ser cuando era “chico”. Así que, herramientas en mano, fui a por mi experimento. Formulé la pregunta en mi perfil de Instagram (https://www.instagram.com/anisfur/) y quedé a la espera de respuestas. Por un lado, saber si las personas se iban a tomar el tiempo de responder, por otro lado, si estaban dispuestas a volver el tiempo atrás y recordar momentos de su infancia, y por otro, saber cuantas personas terminaron siendo profesionalmente aquello que anehlaban de pequeños.

En primer lugar, debo reconocer que me sorprendió cuantas personas supieron desde tan pequeños su vocación (porque en la mayoría de estos casos, son vocaciones). Cuantos niños convencidos de sus pasiones. ¡Un gran complimento para ellos!

También me sorprendió la diversidad de profesiones que dan vuelta por la cabecita de los niños. Es fascinante. Desde maestra rurales, a pedíatras, madres, actores, presidentes, buzos, escritores, superheroes, etc.

Las respuestas llevaron a más preguntas.

Para los que cambiamos en el camino, quizás una o mil veces:

¿Queda algo de interés en ese deseo de “cuando sea grande”? ¿Hay algo en “mí” adulto que sigue sintiendo interés por la profesión de los sueños de mi infancia? ¿Sería compatible con la vida que llevo? ¿Me puedo imaginar llevándola a cabo?

Lo siento, soy curiosa – buen requerimiento para mi profesión no ejercida. Yo quería ser policía. Creo que podría haber sido una buena. Supongo que nací en el país equivocado para hacerla. En mi país por adopción, podría haberlo ejercido mejor.

Llevo un detective dentro, soy muy buena resolviendo enigmas, yendo más alla, descubriendo cosas. Suelo resolver las intrigas de los libros y películas antes que sus propios detectives 😛 y tengo mil novelas policiales en mi cabeza que me gustaría escribir. También descubro cosas que normalmente a nadie le interesa o nadie había reparado en lo mismo, que pueden parecer banalidades. ¡Vamos, que una Mss Marple sin título ni profesión!.

Mi hijo lleva un tiempo diciendo que está preocupado porque no sabe que quiere ser cuando sea mayor (dejando de lado la parte de ser millonario). Le digo que tiene la vida por delante (aunque se lo vacías que son esas palabras al oído de un niño, me acuerdo cuando resoplaban en los míos). También le digo que a medida que vaya creciendo, aprendiendo, estudiando, etc, va a ir perfilando sus intereses, sus cualidades. Descubrirá también sus pasiones (al igual que aquello que no le guste).

Que maravilloso es poder ser niño y soñar con aquello que deseamos ser. Aunque lo cambiemos, aunque nos quedemos en el camino, aunque tomemos las decisiones equivocadas (como saberlo, no?), tenemos una vida por delante, para hacer y deshacer, para volver a empezar.

Yo creo que nunca es tarde, ¿no?

Jardines Huertos Suizos

Curiosidades Suizas, Parte I

Despiertan el interés de cuanto extranjero que visite el país. La primera vez que vi un “Schrebergarten” fue entrando a Zürich, desde la autopista. Y con toda mi inocencia le pregunté a Mitja si esos eran los barrios carenciados de Suiza. No les puedo describir la carcajada que soltó ante mi inocencia y mi bagaje cultural a cuestas. Aún resuena en mis oídos. Y de la misma manera, con la misma inocencia, una a una de mis visitas me preguntó lo mismo.

PH: Carolina Agrifoglio

Entonces si no son barrios carenciados, ¿qué son esas casitas de madera muy pequeñitas, algunas muy cuidadas y bien montadas, con mucho verde alrededor, que se asoman a la vera de las autopistas o en las afueras de la ciudad (y que cuentan con mástiles con las banderas del origen de sus dueños, y las hay de todo el mundo)?

Son, ni más ni menos, parcelas de tierra empleadas como huerto, que se alquilan a personas que no tienen acceso un espacio verde propio y así lo desean. Se hace un pago anual por el alquiler de la parcela y uno único por la casita de herramientas.

Casita de herramientas y descanso

Sus orígenes remontan a la época de la Revolución Industrial. Nacieron para combatir el hambre de los obreros de las ciudades. En Suiza se adoptaron como estrategia de guerra. En Alemania fueron impulsados a partir de 1864 por el Doctor Schereber (de ahí el origen de su nombre) “en lugar de darle limosna a los pobres para que coman, mejor es ofrecerle los medios para que ellos mismos produzcan lo que necesitan”, la principal justificación del filántropo alemán.

En 1925, las asociaciones cantonales de Basilea, Ginebra, Berna, Lausana y Zúrich fundan la Federación Suiza de huertos familiares, con la finalidad de defender los minúsculos espacios cultivables.

Se estima que existen en la actualidad 640 hectáreas puestas a disposición por las comunas con 26.800 beneficiados con los terrenos. Fuente: http://www.swissinfo.ch

Los “Schrebergarten” ofrecen la posibilidad de contar con un propio “jardín-huerta” en cercanías de una comunidad. Son muchos jardincitos, uno al lado del otro, dentro de un gran terreno. Cada uno tiene la libertad de cultivar lo que desea, aunque deben cumplir con el reglamento y condiciones impuestas. Por ejemplo: cada jardín debe contar con uno o dos bidones (toneles) conectados a la canaleta de casa casita, para juntar el agua de lluvia y usarla para riego. Cada cierta cantidad de metros, hay una fuente de agua potable. En la ciudad de Zürich existen 5500, y para alquilar uno, hay (como suele ser común en Suiza para muchas cosas) una lista de espera. Muchas personas lo tienen toda su vida y solo renuncian a ellos cuando la edad deja de ser compatible con el esfuerzo y trabajo que requieren.

Durante todos estos años viviendo en Suiza, nunca me había interesado mucho al respecto, mucho menos, visitado alguno. No fue hasta el domingo pasado que pisé uno por primera vez. Y despertó en mí una curiosidad enorme. Es una idea fantástica, y estar dentro de uno de ellos dista muchísimo de la idea que uno puede concebir viéndolos desde arriba de un coche.

Tienen su parte mágica, su encanto. Cada jardincito es un pequeño oasis y más allá de las banderas izadas de cada país, su decoración o cultivos son tan personales e internacionales que los hacen inigualables. Y a pesar de estar uno pegado al otro, cuando estás dentro del mismo, se respira una privacidad absoluta. Como el común denominador de quien lo adquiere es el amor por la tierra, por la jardinería y cultivos, se pueden ver verdaderas maravillas en pocos metros cuadrados. Un ejemplo, el “vecino” del jardín de mi amiga cosechó 60 kilos de papas.

Zapallitos verdes argentinos, lo más extrañable de la huerta argentina.

Podríamos llamar a esta entrada “curiosidades que suceden en Suiza”, ya que son cosas que suceden aquí y pueden resultar inimaginables para quien vive, por ejemplo, en la Patagonia, con extensos kilómetros cuadrados deshabitados.

A lo lejos, la ciudad de Zúrich

Es por ello que Suiza no deja de sorprenderme la capacidad que tienen de explotar cada metro cuadrado y sacarles su mejor provecho. También es admirable la cantidad de personas que, a pesar de vivir en la ciudad, anhelan tener un trocito de tierra para cultivar sus hortalizas, frutas y de contar con pequeño espacio de descanso.

Ciudad vs. Pueblo

Tengo 36 años y en mi haber, 9 lugares de residencia diferentes (lease como cambio de ciudad y no de domicilio, de esos tengo muchos más). Es decir, en promedio, cada 4 años, un dejarlo todo y volver a empezar en otro lugar. Claro que no es así, mis estadías en cada sitio fueron totalmente irregulares (desde los 6 meses hasta los 14 años, que fue el máximo que viví en un sitio ininterrumpidamente). De hecho, nunca lo había pensado de esta manera. Quizás esa es la razón por la cual que nunca me termino de identificar con un lugar. Suelo decir que soy de acá y de allá- principalmente desde que vivo aquí y es recurrente la pregunta, ¿de qué lugar de Argentina sos? Suelo responder la obviedad, de Río Negro. Pero no es del todo cierto. ¿Es donde más años viví? No. Llevo en Suiza los mismos años que viví allí. ¿Es donde nací? Tampoco. ¿Donde me críe? Si. Y ante la pregunta ¿De dónde me siento? Un poco acá, un poco de allá. Quizás esta ambigüedad de sentimientos es una ayuda importante a la hora de adaptarse a otro lugar.

Zurich y su belleza
Ph: Cecilia Furlan

Retomando el tema principal

Fuera de mis últimas dos residencias, siempre he vivido en ciudades, de todos los tamaños, desde 80.000 a muchos millones de habitantes. Me encantan las ciudades, su movimiento, la posibilidad de tenerlo todo a mano, el anonimato, recorrerla sin saber dónde desembocarás, la idea de perderme en ellas. Sus mecanismos, sus recovecos, su historia, las historias de sus habitantes. Me enloquecen las ciudades cosmopolitas, donde puedes descubrir un trocito del mundo en cada esquina. Donde todo se mezcla, idiomas, aromas, culturas, pensamientos. Hay ciudades que se llevan mis suspiros, como Chicago o Madrid, hay ciudades donde quisiera volver una y otra vez, tan solo para sentir su pulso, como Buenos Aires, Londres o New York, ciudades que no terminan de sorprenderme con sus diferentes matices, como Zürich, Berlín. Hay ciudades donde algunas partecitas mías siguen habitándolas, en sueños o en recuerdos, como Kansas city, Palma de Mallorca o Córdoba. También ciudades añoradas, como General Roca o San Martín de los Andes. Y el listado puede ser interminable.

Mallorca, su mar y mis suspiros…

Pero el pueblo, ay los pueblos (sobre todo los de la región pampeana de Argentina) se llevan todos mis suspiros. Tendrá que ver su horizonte infinito, sus puestas de sol, sus campos de trigo, sus molinos de antaño, mis recuerdos en un pequeño pueblito del norte de la provincia de La Pampa, llamado Alta Italia, donde pasé, definitivamente, mis mejores vacaciones en la infancia. Quizás las horas muertas de la siesta, el calor en el verano, las calles vacías, el olor a tierra mojada, la amabilidad de las personas. Durante mi paso por la universidad, tuve la suerte y la oportunidad de pasar muchos de mis feriados largos en Vicuña Mackenna, al sur de la provincia de Córdoba. Y todo lo nombrado anteriormente, se repite.

Vista lago de Zürich y los Alpes de fondo
Ph: Gastón Bättig

Cuando llegué a Suiza, bajo una corta estadía de unos meses en la ciudad capital de Suiza, Berna (dato que no todo el mundo conoce, pues Berna no es la ciudad más grande ni la más importante de Suiza y por ello, la confusión), decidimos vivir en Zürich, ciudad cosmopolita, de mayor tamaño (para los parámetros suizos, ya que no llega al medio millón de habitantes). Vivimos cinco felices años, con una ubicación privilegiada, a metros del lago, de la estación de Enge y a pasos de la parada de tranvía, de varios parques, a minutos caminando de la estación principal de tren. Un hermoso departamento, con dos balcones, super luminoso. Lugar de acogida por primera vez de muchos seres queridos. Vivir en Zürich fue fascinante, aprendí a vivir en una ciudad diferente, con bajos niveles de estrés y casi sin ruidos (sin contar los tranvías, pero sin bocinas, ni gritos, ni perros ladrando, ni niños llorando, y quien la conozca, sabrá a que me refiero). Ciudad, pero con cierta tranquilidad.

De todos modos, a pesar de la tranquilidad, decidimos en ese momento que cuando nazcan nuestros hijos, íbamos a mudarnos a las afueras, al “campo”, como lo llaman muchas de mis amigas argentinas a todo lo que queda fuera de Zürich. Estamos hablando de pueblos que no están a 30 minutos de distancia. Para mí (nosotros, aunque fui la que incentivó el exilio a las afueras) era de mucha importancia que nuestros hijos se críen en un pueblo, con la posibilidad de jugar en la vereda, de conocer y crear amistad con los vecinos (algo difícil en Zürich), de conocer a los padres de sus amigos, y al mismo tiempo estar muy pero muy cerquita del bosque, río, arroyos, campos sembrados. Qué no precisen del trasporte público para movilizarse, ni tener que desplazarse dentro de la ciudad para sus actividades, ellas entre otras tantas razones.

Casas entramadas en Eglisau

Por lo cual, en marzo de 2012, en el quinto mes de embarazo de Matteo, cerramos nuestro querido departamento en Zürich y nos mudamos a Eglisau. Les hago una breve intro sobre el pueblito elegido. Mi marido, suizo (pero bastante malo a nivel geografía) no había escuchado hablar de él en sus 32 años de vida y la verdad, un pecado. Eglisau es un pequeño pueblo de 5’000 habitantes a orillas del Rhein (Rin), a veinticinco minutos de tren de la estación de Zürich, rodeado de colinas con viñedos y casas preciosas. En verano se respira vacaciones, helado, regata, asado, vino blanco. Vivíamos en una avenida de castaños de más de cien años, a metros del río. Allí vivió Matteo sus primeros 3 años y medio de vida. Mi pueblo en Suiza. No dudaría en volver allí ni un segundo.

En nuestro pueblo hay campos de frutillas donde podemos recolectarlas y pagar por peso

Pero la vida tenía otro destino en mente: Rafz, a solo cinco minutos en coche de Eglisau, dos paradas de tren. Rafz simboliza mi familia, nuestros logros, el presente. Es otro pueblito pintoresco rodeado de viñedos y campos, con bosques por doquier. Pueblo antiguo de 1150 años, casas con entramados, fuentes, cosechadoras en verano, a minutos de Alemania (si, es un pueblo fronterizo). No tiene el charm de Eglisau, ni su río (aunque muy cerquita), ni sus tiendas monas en la calle principal, pero para mí, el oasis para las familias (como otros tantos de miles de pueblos en este país). Es acá donde vivimos y donde elegimos vivir diariamente. Al menos, hasta que los chicos sean mayores.

Postales de mi pueblo
Ph: Cecilia Furlan
Bosque y mucho más bosque!

Cuando me preguntan que es lo que más valoro de vivir en un pueblo, mi lista es interminable (y me doy cuenta que por ello lo elijo a diario): caminar por los campos en verano, ir en bici a todas partes, ir al bosque a pie, porque mi hijo me trae todos los días un ejemplar nuevo de algún insecto que se encuentra en el camino a casa desde la escuela, porque sé donde viven sus amigos y porque siempre hay alguien a quien llamar que puede estar en dos minutos en tu casa en caso de necesidad. Porque la vida va más lenta, pero se disfruta más. Y cuando me hace falta la ciudad, me subo al coche y en media hora estoy allí, o en diez minutos en otra, o veinte en la otra.

El famoso puente de Eglisau de fondo

A la pregunta si volvería a la ciudad; sí, definitivamente; pero no de momento. Cuando los chicos estén criados y sean mayores, es muy probable. Supongo que en la vida hay momentos para todo.

Ustedes ¿de que equipo son? ¿Ciudad o Pueblo?

Futuros “expatriados”

Ser una expatriada argentina en Europa es uno de los motivos más comunes por los que muchas personas con ganas de emigrar me escriben y consultan sobre los diferentes aspectos a tener en cuenta a la hora de emigrar.

Mi experiencia

Siempre respondo, les aclaro lo siguiente: “no emigre directamente a Suiza ni tampoco en familia”. Es un bueno tenerlo en cuenta, porque:

Con mi “host mom” Donna, en el año 2011, diez años después de haber vivido un año en su casa en USA
  1. cuando emigré, no llegaba a los 22 años (éramos yo, mi otro yo y mi ego que dejaban una tierra, amistades y familia). Pero no tenía hijos ni responsabilidad alguna.
  2. mi primer destino fue Palma de Mallorca, no Suiza. Y gracias a Juli, una amiga argentina-española que había conocido en USA durante un año de intercambio, y su familia, que me abrieron las puertas de su hogar, que me ayudaron, me contuvieron y me dieron Tips super valiosos, fue posible dar el primer gran paso.
  3. siempre tuve en claro que quería vivir en el extranjero. Tengo recuerdos de mis 5 años, cuando estaba convencida que me iría a Nueva York (y le decía a mi mamá que la llamaría para avisar que estaba todo bien después de haberme subido a la estatua de la libertad). Con 6 años, en una fiesta de cumpleaños de 80, en el Club de Leones de mi ciudad, escuché hablar por primera vez de los intercambios estudiantiles (supongo que habría alguien que lo había hecho). Recuerdo (como si esos 30 años de por medio no hubieran pasado) que al irnos de la fiesta les dije a mis padres con toda la seguridad que puede tener una niña de seis años, que yo también me iría de intercambio en mi adolescencia (y lo hice, 10 años después de ese episodio, un año entero en Kansas City, en una familia increíble, donde conocí gente que marcarían mi vida en tantos aspectos).
  4. después de esa experiencia, mi hambre de viajar por el mundo y conocer diferentes países y culturas, aumentó.
  5. mi sangre migrante que corre por mis venas debe tener mucho que ver.
  6. la insistencia de mi padre en que vea el mundo, tendrá otro poco.
  7. la carrera que elegí me permitió conseguir trabajo rápido. Y tiene otro poco que ver con esto de viajar. O de emigrar.

Les cuento esto, porque se que a muchos les interesa saber los motivos o los deseos que llevan a una persona a emigrar. Muchas veces son propios de uno, otras veces por seguir a otra persona, por superación, por trabajo, carrera, por mejorar la calidad de vida, por salud. Abundan los motivos…

¿Me animaría “hoy” a venirme a Europa con hijos? No lo sé, simplemente porque no vivo la realidad del día a día como padres en la situación que se vive en Argentina. O en cualquier otro lugar. Pero sí los entiendo cuando me dicen que como padres quieren lo mejor para sus hijos, un futuro mejor que la incertidumbre y la inseguridad. Y como todos padres, solo queremos lo mejor para nuestros hijos. ¿Si lo volvería a hacer? Seguro (aunque algunas veces me pregunto como hubiera sido mi vida allí).

¿Qué les aconsejo? Que hagan todas las averiguaciones posibles, y acá les comparto mis consejos (la mayoría; los típicos) para ayudarlos a todos los que se están planteando migrar:

  1. que migren con los documentos necesarios o con un contrato de trabajo. Que muchas veces, aparte de tener el pasaporte de, por ej, la EU no significa que automáticamente esté todo solucionado. A veces es necesario contar con otros papeles.
  2. que no hay que idealizar el mundo. Ni Europa es la salvación, porque mucho lo tendrás que poner vos. Pero si hay oportunidades, hay que verlas y aprovecharlas.
  3. que sepan inglés (es casi indispensable) y sino, que se pongan a estudiarlo cuanto antes.
  4. que si saben destino con mucho tiempo de anticipación, estudien un poco la historia, el modelo político y el idioma del país. ¡Les ayudará!
  5. que se contacten con personas de su misma nacionalidad que estén viviendo en ese país y pidan consejos (para eso hay muchos grupos de Facebook de, por ej., argentinos en tal o tal país). Generalmente son los que mejor conocen la situación.
  6. que todos los miembros de la familia estén de acuerdo con la decisión (por lo menos, los adultos). Si es solo el deseo o sueño de solo uno, suele complicar las cosas en destino.
  7. averiguar cómo funciona el sistema de salud, impuestos, revalidaciones, etc. Tampoco olvidar como es el clima (importantísimo si emigras a países en latitudes muy diferentes a las que están acostumbrados)
  8. si hay niños en la familia, averiguar sobre el modelo educativo del país receptor. (evita grandes sorpresas).
  9. cada uno conoce su situación económica, pero hay que contar con algunos ahorros para establecerse.
  10. que tengan en claro que habrán muchas piedras en el camino, pero que se pueden sortear.
  11. que no valen las comparaciones. Nunca, pero en ningún aspecto.
  12. que hay que abrir la mente, dejar prejuicios de lado.
  13. que mantener amistades a la distancia es un esfuerzo enorme (cuanto más pasa el tiempo, peor) por eso es indispensable hacer nuevas. Se puede! Te vas sorprender de cuantas personas maravillosas conocerás en tu nueva “vida” y que pasarán a ser tu nueva familia.
  14. que vas a vivir diferente. Porque vos vas a ser diferente. Quieras o no, una parte tuya quedará en tu lugar de pertenencia. Y otra, te acompañará, evolucionará. Siempre lo cuento, aquí soy Ana (exceptuando pocas personas que han logrado ver más alla de mis corazas y han sabido leerme entre lineas), en Argentina, Ana Laura.
  15. que jugarás de visitante muchos partidos.
  16. importantísimo: Tu país por adopción no es tu país originario. No lo olvides. Ni uno es mejor ni el otro peor. Son diferentes. Uno es elección, el otro, corazón. O al revés?

No dejen nunca los sueños aplazados, al final del día, terminan convirtiéndose en pesadillas, o desvelos. Pero sí les recomiendo, pensarlo, evaluarlo, hablarlo, revisar planes, proyectarse, conocer límites personales y familiares. Es el ABC del migrante.

Por eso, las visitas a tu familia y tu país son tan importantes, es una recarga de afecto

¿Algún otro consejo de “expatriados” que se me haya pasado y que pueden ser útiles para todos los que están pensándolo?

Se termina la cuarentena y ahora ¿qué?

Una pregunta que ronda en mi cabeza hace tiempo, incluso, cuando la cuarentena era una situación nueva para todos, cuando no podíamos ni imaginarnos vivir 50 días relegando actividades que hasta ese momento considerábamos vitales, imprescindibles, es: ¿Qué vamos a hacer cuando todo pase? ¿Qué voy a ser?

¿Qué vas a hacer? vs ¿Qué vas a ser?

Estamos a días de reinsertarnos en nuestra vida pre-cuarentena, para retornar a cierta “normalidad” (esperada por unos cuantos), me da mucha curiosidad saber si volveremos a esa vieja-nueva rutina ¿sin cambios? ¿Cómo continuaremos la vida? ¿cómo si las últimas semanas de confinamiento no hubieran pasado nunca? ¿Ó intentaremos rediseñar los entretejidos de nuestra biografía? ¿Aprenderemos o cambiaremos algo?

Sé que estas preguntas son totalmente personales. A cada uno de nosotros nos ha tocado vivir este tiempo de un modo diferente, en un estado de sus vidas distinto. Pero más allá de todas las diferencias o semejanzas que puedan existir, mi gran duda es: ¿Hemos aprendido algo? ¿Estamos dispuestos a cambiar algo? o simplemente lo olvidaremos con la misma rapidez con la que llegó, nos sorprendió, nos unió y puso nuestras vidas de pies a cabeza?

No tengo las respuestas, es algo que solo el tiempo nos podrá demostrar. En este momento, sentada frente a mi computadora, escuchando una canción preciosa, en una tarde de lluvia, rodeada de mis dos debilidades y mi compañero de vida, estoy convencida que estos días vinieron para enseñarme a revalorizar los detalles de la vida, su simpleza. Redescubrir la felicidad en aquello que está a nuestro alcance, lo que no tenemos mas que estirar el brazo y podemos palparlo. Que dar las cosas por sentado no ayuda. Que las relaciones interpersonales son esenciales. Que es necesario revisar la lista de prioridades con las que manejamos nuestra vida. Que lo que nos parecía tan importante puede variar en su escala de importancia, dependiendo de cómo se lo mire. Que si es posible hacer un STOP en nuestra rutina, que la vida sigue y no pasa nada si no vamos a la velocidad indicada (¿por nosotros mismos?).

En lo personal, esta cuarenta fue un viaje emocional. Torbellino emocional a flor de piel. Vino a enseñarme mucho y estoy convencida que mi reinserción a mi vida pre-cuarentena será pausada, con muchas modificaciones, con menos manual de madre y más de lo que me hace sentir bien, de mi voz interior.

Mi deseo como sociedad es que cambiemos hábitos erroneos, que logremos cierta humildad, que seamos más empaticos con la naturaleza, con quien nos rodea, y con quien no nos rodea. La naturaleza nos ha vuelto a demostrar que no somos omnipotentes. Son llamados de atención, imposibles de ser obviados.

Reporte de cuarentena

Hace unos días leí uno artículo sobre los tres tipos de personas en esta cuarentena global. No sé si corresponde generalizar y dividir a la humanidad a tres tipos, pero en cualquier caso, yo pertenecía al grupo dos (probablemente como la gran mayoría). Resumido, soy de las personas que encontraron en la cuarentena el tiempo para hacer las cosas que tenían pendiente cuando no contaban con el tiempo para ello. Suena a trabalenguas, lo sé, pero cuan real es.

Listas tildadas

Un común denominador de este grupo son las famosas listas de cosas para hacer. Por supuesto que tengo, no solo una, sino varias. Hice listas con mi marido de las cosas para hacer en conjunto, lista para mis hijos, listas de compras eficientes, lista de cosas que tenía ganas de hacer, listas de pendientes obligatorios, listas de limpieza, de orden, etc (el listado es interminable).

Con chicos, marido, home schooling y home office, completar listas es una tarea paradójica, pero la clave está en la eficiencia, el manejo de prioridades y la organización. No voy a alardear de que lo logré, ni que estoy super canchera. Me faltan “cuarentenas” a mi haber para ello, pero es cierto que en esta cuarentena aprendí:

  • Mantener y manejar una rutina es la salvación a muchos problemas “existenciales” cuando hay niños en casa (y en la misma incluyo tiempos para mí, como hacer una rutina de ejercicio diario, cosa que no suelo hacer en nuestra vida-rutina no cuarentena).
  • A liberar mis sentimientos, a no retenerlos más. A no tener miedo de mi interior, de escucharme. Bajé mis sesiones con mi psicologa para darme cuenta que manejo un nivel de instrospeccion altísimo.
  • Delegar actividades (por ej: clases y tareas de piano de Matteo le tocan al padre, manualidades también. Matteo tiene que elegir cada mañana en que tarea de la casa me ayudará – opciones: hacer su cama, poner y/o sacar la mesa, buscar el correo, limpiar los muebles, pasar la aspiradora)
  • A contar hasta 100 antes de enojarme, gritar, desesperarme
  • A que la casa no siempre brillará, que los momentos que brilla son ínfimos y que de todos modos, disfrutamos (y a nadie le molesta)
  • La importancia de aceptar y respetar los momentos de cada uno de nosotros (no todos estamos alegres o bajón al mismo tiempo)

Estoy haciendo cursos online de todo: Community management, ilustración botánica con acuarelas, fotografía con smartphones, auto maquillaje. Me bajé aplicaciones que me ayudan en el día a día (Zoom, Fitness, edición de fotos, Spotify – Matteo escucha cuentos, yo me relajo, etc). No sé porque tardé tanto en bajarlos, algunos llevo meses queriéndolo hacer.

Home schooling

Acepto los momentos de impotencia, no retengo las lagrimas, les doy vía libre. Tengo la vulnerabilidad a flor de piel. Me siento una madre super poderosa, y al mismo tiempo, la peor del mundo. Hago yoga con la misma intensidad que hago 40 min de cardio del alto impacto. Sueño como no suelo sueñar. Sueños raros, fuertes. Les digo tantas veces No a mis hijos, como cuanto los amo. Tengo una inconsistencia verbal total.

Pero aprendí que la cuarentena me tocó donde debía tocarme, como a cada uno de nosotros. Y que hay que estar agradecido de estar sano, de tener un techo, una familia y que el mayor reto que tenemos, es el de quedarnos en casa. En definitiva, volver a la esencia, a las raíces. A aprender a leer entre líneas el mensaje. Un mensaje claro a nivel global, algo estabamos haciendo mal. A nivel individual, cada uno sabe lo que le toca.

Porque me importas…

Y me preocupo por vos, hoy decido quedarme en casa y cuidarte. Y de esta manera deberíamos actuar todos, como adultos responsables.

Hace exactamente una semana, vivía en una realidad paralela. Hasta ese momento, estando en Argentina, el Corona Virus era algo lejando, aunque la situación iba cambiando diariamente. Las noticias reportaban al respecto constantemente, pero en la calle, fuera de que no se conseguía alcohol en gel, la gente seguía saludandose con un beso (incluído doctores), la gente se daba la mano, los vuelos internacionales seguían aterrizando en Ezeiza.

En mis chats “suizos” de Whatsapp la realidad era otra, mucho más inquietante. Hasta se hablaba de falta de insumos en los supermercados (algo totalmente impensado en Suiza, porque en mis 14 años acá no me tocó vivirlo nunca).

Algunas góndolas vacías

Llegar a Suiza en pleno avance desaforado del virus, el cambio de estatus a pandemia, el cierre de fronteras en países vecinos, nos dió un baño de agua helada y la preocupación comenzó a crecer dentro de nosotros. Sin entrar en pánico, fuimos ajustandonos a este nuevo sistema de vida transitorio, esperemos. Home office para muchos, trenes vacíos, distancia entre personas, manos secas de tanto lavarlas y tanto desinfectante, recluirnos en casa.

De a poco los niveles de nervios y ansiedad en la sociedad se hicieron visibles y ya hay faltantes en farmacias de medicamentos que poco tienen que ver con el virus, mensajes en todos los idiomas sobre precauciones y explicaciones de un virus que pasó de ser algo lejano que afectaba en China a nuestro pan de cada de día en Europa y el mundo, a vuelos cancelados, bolsas en baja. Y lo que vendrá.

Pero volviendo al origen del título de este mensaje:

Porque me importás y te aprecio, me quedo en casa. Porque así como te confío a mis hijos cada viernes, y vos cuidas de ellos como si fueran tuyos, hoy nos toca cuidarte a vos.

Betty, la señora que los cuida es una mujer fuerte, fuertisíma, pero que pertenece al grupo de riesgo por muchas razones. Y por eso la cuidamos. Es lo que corresponde y lo que les pido a la sociedad. Cuiden de sus mayores y de todas las personas de alto riesgo. Ellos harían lo mismo con ustedes. No dejen a sus hijos al cuidado de ellos, hagan las compras por ellos, no los besen, ni los abracen ni compartan cubiertos, vasos, etc. Mantengan la distancia necesaria. No es alejarnos,dejarlos solos, es cuidarlos.

Mujeres emprendedoras

un pequeño reconocimiento a todas aquellas mujeres que se animan a emprender y seguir sus sueños.

Esta foto resume (y encuentra) a dos grandes emprendedoras: mi hermana Cecilia, de la marca de zapatos Cecilia Furlan, junto a los accesorios de la marca Muak de mi amiga Carolina.

Una vez, alguien me dijo, “vosotros, los argentinos, sois de montar vuestros propios negocios”. Lo cierto es que hasta ese momento, no había reparado en ello. No hacía falta pensar mucho, allí estaban, ellos, los emprendedores: en mi familia, dentro de mi grupo de amigos. Para mi grata sorpresa, un gran número de ellos, eran ellas. Ellas, las grandes emprendedoras. Mujeres fuertes, madres, conciliadoras. Mujeres que fueron un poco más allá del solo deseo de hacer algo. Dejaron de soñarlo, lo plasmaron en sus creaciones.

Y aunque el día de la mujer es todos los días

Quiero, desde aquí, hacerles un pequeño reconocimiento a algunas de esas mujeres, amigas y emprendedoras, que a diario le ponen toda su garra a lo que hacen y que nos demuestran de lo capaces que somos de hacer lo que nos gusta.

Emprender en tierras lejanas

no es tarea fácil, lo sé por experiencia propia (pero esto se los cuento en otro post, quizás, alguna vez). Sé de la cantidad de papeles, documentos que requiere tener tu propia empresa (sin contar, por supuesto, la parte financiera). Pero, es aun más difícil emprender en otro idioma, en otro país. Emprender en otra cultura. Intentar entender esa cultura. Es por todo esto que valoro aún más la garra que Carolina y Vicky invierten a diario para que sus proyectos sigan adelante.

Se las presento:

Caro, es argentina, diseñadora gráfica, llegó a Suiza en 2012 y es la creadora, administradora y dueña de una tienda online de accesorios boho chic. Sus productos son 100% hechos a mano, y en muchos casos, por ella misma. Un trabajo impecable y admirable. Un trabajo de hormiguita que se refleja en los increíbles resultados finales (y ni hablemos del packaging que tiene, por eso digo, está en cada uno de los detalles). Por supuesto que les dejo su web para que vean las cosas increíbles que hace www.muak.ch

Atrapasueños (dream catchers) hechos 100% a mano por Caro

Vicky, también argentina, vive en Suiza desde hace más de cinco años, es madre, pastelera, trabajadora y aparte de todo eso, hace de las tortas obras de arte. Lleva años cumpliendo cada deseo de mis hijos en sus cumples, por más difícil que sea. Sus tortas terminan SUPERANDO toda expectativa (Y ella termina siendo experta en volcanes y dinos jurásicos, en Ninjagos, aviones, animales del bosque, etc). Sus trabajos son cuidados minuciosamente, sus obras dejan a todos los invitados con la boca abierta, o los que atinan a decir algo, solo dejan escapar un “wow”. Las invito a que vean su web www.fiveoclockcakes.com y no me digan después de que no les avisé.

Torta de cumple de Malena con temática animales del bosque

Y emprender en su propia tierra

Una de las creaciones Cecilia Furlan (bota Piove)

Puede tener sus beneficios (el idioma), pero también es cierto que emprender en nuestro querido país puede ser una verdadera montaña rusa. Mi hermana del medio, a quien admiro profundamente, es una gran emprendedora. Desde 2012 que se animó a independizarse y crear su propia marca de diseño de zapatos: Cecilia Furlan (www.cecifurlan.com).

Siento profundo orgullo por ella, por cada uno de sus diseños, por su arte plasmado en un zapato, por su capacidad de entrega, en cada pedido, por más difícil que sea. Pero, sobre todo, su entereza y su fuerza para sortear los mil y un obstáculos que se presentan, cuando hay cortes, cuando hay paro, cuando el cuero que compro la semana pasada no se consigue más, porque se recorre medio Buenos Aires en colectivo, subiendo y bajando su carrito lleno de hormas, de Palermo a Boedo, a veces Ituzaingó, Caballito, Recoleta, Once. Porque veo en su labor diaria el amor que siente por lo que hace. Por la lucha constante, porque no baja los brazos, porque la rema. Porque no hay mayor recompensa que levantarse todos los días sabiendo que vas a hacer lo que te gusta. Sorteando todos los obstáculos, creciendo a diario.

Unos de mis favoritos, aunque elegir es tarea difícil (Nina) http://www.ceciliafurlan.com

Todas ustedes, mujeres emprendedoras, se merecen mi más profundo respeto y admiración. Y sepan que cada vez que renuncian a un fin de semana largo por terminar una entrega, a una salida con amigos porque tienen un cliente, cuando toca buscar una babysitter para poder terminar una torta, o cuando se pasan el fin de semana en una feria – incluidas en las que hay poco público, o público difícil- están creciendo, están superándose. Y no hay mejor recompensa a tanto sacrificio que el halago y la satisfacción en el rostro de quién se lleva una partecita de ustedes.

Y sé también de la linda sensación que produce el saber que están haciendo lo que siempre quisieron.

¿Y que mejor que eso?

Manos a la obra…(literalmente)

Hace tiempo que quiero contarles (y mostrarles) el resultado de varias noches de trabajo, transformando parte del sótano en una sala de juego para los nenes.

En primer lugar: aclaro que somos novatos totales, ya que más allá de la decoración, que es mi pasión, hasta Octubre del año pasado no habíamos hecho nada similar. Fue la primera vez que nos embarcamos en un proyecto de tal magnitud. Nos acompañaron las ganas, ilusión, la ignorancia y unos cuantos tutoriales sobre construcción, pisos, socalos, empapelados, etc.

Existen dos razones para sumergirse en esta clase de proyectos: ó una necesidad (llamese existencial) ó por un deseo personal de renovación, creación, superación. Pero dejando de lado la parte filosófica de la cuestión, alguna foto vista al azar (o no) en Instagram o Pinterest puede desencadenar los hechos.

En este caso, el disparador fue una charla con Matteo mientras se bañaba. No recuerdo exactamente la conversación, pero evidentemente me iluminé, llamé a Mitja a los gritos y le dije: Transformemos el sótano en un “Spielzimmer”.

Por supuesto, el sótano no era un espacio habitable (hasta el momento solo los muebles viejos se habían atrevido a pasar alguna temporada allí debajo, sin consentimiento). El piso y paredes eran de cemento, no tenía buena luz, ni calefacción. Mi idea no llegaba a ser un disparate, pero tampoco algo sencillo de llevar a cabo. Convencer a Mitja no fue díficil. Llevabamos mucho tiempo dandole vueltas al sótano y su uso. Pero también ver los tutoriales sobre como el piso, fue una jugada estratégica. Eso si, parecía más sencillo de lo que realmente es.

El fin de semana siguiente estabamos los cuatro camino a Jumbo, donde compramos el piso, pintura para las paredes, aislantes, socalos, máquina para cortar la madera (perdón, no se su nombre en español), aislantes para el piso, finalizadores, etc. Y yo que hasta ese momento no distingüia entre un clavo y un tornillo…que mundo el de la construcción!

Todos contentos, comenzamos por esperar que los nenes se duerman, cada noche, durantes dos meses y medios. Ellos dormidos, ropa cambiada, bajabamos al sótano a vivir nuestra aventura diaria. Pintamos paredes, manchamos ropa. Pintamos la escalera (que no estaba previsto), rellenamos agujeros con cemento…Y cuando creíamos haber superado la primer etapa, llamese pintura, mi suegro nos hace ver que dejar una pared de cemento, como teníamos planeado, era poco cálida para la sala de juegos…

Viendolo a la distancia, fueron palabras mágicas. Pude así desquitarme con algo que llevaba tiempo queriendo hacer y compré un empapelado divino. Al mismo tiempo, hice un curso de diseño de habitaciones que fue literalmente un fiasco total, a cargo de una señora que no tenía ni idea ni gusto. Experiencias…

Tardamos horas enteras en poner el piso. Entre cortar la madera de manera correctamente, poner y sacar, se nos pasaban las horas de la noche. Durante los fin de semanas la madrugada nos encontraba con ropa de fajina, serruchando, cortando, pero divirtiendonos como dos niños. Lo que en el video nos iba a llevar 3-4 hs nos tomo casi 20. Y luego, empapelamos. No fue díficil porque tengo un marido exacto, suizo, prolijo y milimétrico. Creo que sola, la torre de Pisa iba a parecer recta ante mi empapelado. El último paso, los sócalos, fueron el broche de oro. Y como esperado, el sótano devenido a pieza de juegos, estuvo listo pocos días antes del cumple de Male.

Aún quedan detalles que queremos terminar, sin embargo, decidimos tomarnos unos meses en off para recargar energías y pensar en nuevos proyectos (aunque Mitja tiembla solo de la idea). Pero no podemos estar más orgullosos, y aunque suene un poco arrogante, el trabajo esta impecable. Lo mejor de todo, las horas que pasamos juntos allí, divirtiendonos a montones!