Full House

Recibir visitas cuando se vive lejos puede ser uno de los momentos más especiales del año y el más esperado.

Cuando vives lo suficientemente lejos de casa, las visitas de familiares y de amigos se cuenten en semanas y no en días. Estas visitas y al mismo tiempo, reencuentros suelen ser muy esperados, van de la mano de una gran carga emocional y en más de una ocasión, de algún desencuentro.

Recibir estas visitas te hacen sentir muy afortunado (supongo que en la mayoría de los casos, aunque se de algunos desafortunados). La espera se suele hacer larga, el tiempo de disfrute, corto, y las despedidas, cada vez más difíciles. Los días son intensos, las actividades se multiplican (al igual que las lavadoras), la rutina queda de lado, los recuerdos salen a la luz, las fotos abundan, las charlas (y mates) son el pan del día, se ríe hasta las lágrimas, se formatea y, en caso de ser necesario, se hace un pequeño “update” en las tendencias del lenguaje materno, se recuerda a los que ya no están, pero que estuvieron y se generan hermosos momentos, que serán los recuerdos que serán recordados en las próximas visitas.

En nuestro caso, nos encanta recibir visita. Creo que en promedio recibimos anualmente más de alguna. Disfrutamos muchísimo ser anfitriones. Muchas veces nos preguntan si no nos cansamos, a lo cual siempre respondemos que hay diferentes variantes de disfrute y por lo tanto, de visita, pero siempre fueron positivas. Las hay que se repiten todos los años y tal es el grado de confianza, que poco hace falta hacer, las hay únicas y las hay más elocuentes. La verdad es que, en casi 14 años recibiendo gente en casa, no tuvimos nunca una mala experiencia. Las hay mejores y peores, las hay más especiales, pero ninguna que no repetiríamos.

Por supuesto que a mi marido le encanta recibir “mi gente” de la misma manera que a mí. Este dato no debería pasar desapercibido, porque no es algo que sucede con tanta comprensión y naturalidad.

Pero también las visitas implican “convivir” con ideales y pensamientos diferentes, costumbres olvidadas o ajenas. Pero, por sobre todo, son espejos, en los cuales hemos dejado de mirarnos, conscientemente. Son cajones cerrados, empolvados y olvidados, que un día, por que así lo quiere la historia, vuelven a abrirse. Por que en algunos casos son cicatrices que aún estan curando y a pesar de las curitas que se pueden llevar encima, duelen por debajo. En otros casos, el reencontrarse nos encuentra en frequencias diferentes, con vidas opuestas.

Estas últimas semanas estuvimos acompañados de mis hermanas y mi papá que vinieron a acompañar a Male en su segundo cumpleaños y celebrar las fiestas en familia, en el frío, con nosotros. Es un gran sacrificio que nos hace felices a todos. Porque ellos se llevan los mejores recuerdos y nosotros, nos quedamos con ellos, atesorados, fuerte.

Yo, por mi parte, sigo abriendo las puertas de mi casa, sigo apostando a las visitas. Porque llenan el alma, porque son pequeños regalos que recibimos, es un canal de transporte a aquella tierra que nos vió nacer. Es volver a sentirse en casa, lejos de la misma. Y cuando se van, que pena da!

Magia y Balances

Me encantaría pertenecer a las personas que en vísperas de navidad decoran la casa entera con motivos navideños, llevan pulóveres de renos, papa Noel y hornean galletitas por centenas. Puedo adjudicarlo a mi falta de empatía por dichas prendas o mi poco talento en la cocina. Pero la falta de interés en la decoración es un enigma. Como sabrán, es uno de mis hobbies preferidos. Por lo tanto, supongo que tal desinterés debe remontarse a mi infancia, mi país y mis orígenes. En tema espíritu navideño, los europeos y norteamericanos son imbatibles. Supongo que el clima ayuda. El frío, la nieve, luces, velas, vino caliente y estar dentro de casa, calentitos. Todo esto, totalmente innecesario, por nuestras latitudes.

A pesar de ello, en casa, no privo a mis hijos de hacer galletas, de decorar el pinito, y tener sus pijamas navideños. Admiro a mis amigas, que decoran la casa puesta de pies a cabeza con estilo festivo. Dan ganas de quedarse. Sin embargo, no nacen en mi las ganas de tenerlo así.

Yo soy más de las que hacen tarjetas para enviar, calendarios con fotos para los abuelos, me encargo de comprar los regalos para todo el mundo. Hasta hace dos años, un verdadero desafío, porque después de tantos años regalando a mis suegros (quienes todo lo tienen), me había quedado sin ideas. Para simplificar el estrés que supone la búsqueda de regalos para todos, hace un tiempo que decidimos que entre los adultos jugamos al amigo invisible y de esta manera resolvemos un tema tan tedioso. Las reglas son simples, a los niños se les regala y el precio del obsequio debe ser aproximadamente como lo eran los regalos de los años anteriores.

En lo personal, celebrar la Navidad en invierno (y de manera tan diferente) fue un reto importante en mis primeros años como extranjera en Europa. Hoy, no sabría decir, si las prefiero con calor (y léase mucho) o con frío (pero sin nieve, ya que nunca tuve esa suerte). Sí estoy convencida que la Navidad con la mesa llena lo vale todo. Si, extraño esas mesas en el patio, con la familia reunida, con los abuelos (y personas) que ya no están.  Pero la mesa de hoy tiene a dos de mis integrantes preferidos, que digo, mis dos integrantes preferidos. 

Pero hoy también vivo la Navidad a través de los ojos de mis hijos. Esa chispa que brilla durante toda la noche, esa ilusión y esa inocencia. Hace años que haberme convertido en Papa Noel (o niño Jesús, como es aquí) es una de mis tareas preferidas. No porque me vaya a disfrazar, sino que poder sorprenderlos llena mi corazón. Poder tener la dicha de compartirlo este año con mis hermanas y mi papá, que viajaron desde Argentina para pasarla juntos, tiene ese plus tan especial.

Esperando al Christkind con mucha ansiedad

Creo de suma importancia enseñarles a nuestros hijos el verdadero significado de la Navidad, el valor de la familia y de los amigos, y que mejor momento para hacerlo que este, donde las familias se reúnen, se reencuentran.

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De vacaciones, pero durmiendo en casa

Estás vacaciones se nos vinieron encima. No tuve ni tiempo de desempacar mentalmente las maletas del verano, que ya teníamos las vacaciones de otoño a la vuelta de la esquina.

No estaba preparada para ello ni mental ni físicamente. Ni para hacer las valijas nuevamente, tampoco para elegir destino, ni para sentarme en un avión ni mucho menos, en un auto por varias horas. Era incapaz de pensar en un destino, de buscar alguna oferta de last minute. Vamos, que lo mío era vacaciones modo off en todos los sentidos.

Por lo que la decisión sobre que hacer durante dos semanas fue muy sencilla, ya que con Mitja estabamos sincronizados en pensamientos y sentimientos, y por ende, no había de su parte interés alguno en viajar. Esto no fue siempre así, ya que en algún momento del año fantaseamos con irnos a Valencia, de modo que teníamos pedidos los días, lo cual facilitaba la situación.

Contando con la mayoría absoluta de los mayores de edad residentes en nuestro domicilio, llegamos a la conclusión que: vacacionaríamos dentro de Suiza, haríamos las cosas que teníamos pendientes hace mucho tiempo, visitaríamos diferentes sitios, pero dormiríamos en casa. La base de partida era nuestro hogar. Las actividades y excursiones serían decisiones espontáneas (mínimamente el 50% de los genes de esta casa lo son) y acomodaríamos nuestra agenda de acuerdo al tiempo. Tuvimos muchísima suerte y la que la mayoría de los días pudimos estar fuera. Y lo mejor de todo, al final del día, volvíamos a casa y la cama, era la nuestra.

Con poco equipaje, total a casa volvemos a dormir

Por si alguna de ustedes se encuentra en la misma situación, o está planeando en el futuro pasar unos días libres con niños en Suiza, les dejo un par de ideas para disfrutar de unas vacaciones en casa, pero descubriendo lugares:

  • Natur-und Tierpark Goldau: Es un parque natural enclavado en medio de Suiza, con rocas gigantes que forman parte de paisaje único, pero que son producto de un derrumbe ocurrido en el año 1806. Viven en el cabras, osos, linces, zorros, lechuzas, buhos, lobos, renos, ciervos, cervatillos, etc. El restaurant Grüner Gans es super recomendable y si lo que les apetece es ir de picknick, hay mesitas dispuestas en el parque para ello. El high-light, aparte de los osos, son los dos parques de juegos enormes en medio de la naturaleza. El precio de la entrada es por adulto, 20 CHF, niños de 6 a 16, 10 CHF, o grupo familiar (max. 2 adultos) 55 CHF.
Malena sorprendida por las cabras
  • Naturhistorisches Museum en Berna: Un must para los fans de los dinos, en especial, T-REX, hasta el mes de marzo. Con la entrada al museo, se puede acceder a la exposición de Kennen wir uns?, con dinosaurios en tamaño original, en movimiento, que dan miedo a más de uno. La entrada es sumamente accesible, niños hasta 16 gratis, adultos 10 CHF (creo que es la primera vez que pago tan poco en un museo suizo). Más allá de esta super expo de dinos, el museo en si mismo es excelente, de fácil acceso, con actividades didácticas para los niños y adultos. (https://www.nmbe.ch/en )
Naturhistorisches Museum
  • Planetarium en Kreuzligen: Todos los miércoles se puede acudir al Bodensee Planetarium después de las 19 horas. Durante el fin de semana hay presentaciones sobre la galaxia, estrellas, agujero negro, etc. Toda la información necesaria sobre horarios, edades, etc. la encuentran en la web del mismo. Precios: Adultos 12 CHF, niños hasta 6, 3 CHF, hasta 16, CHF 6. (https://bodensee-planetarium.ch/)
  • Aeropuerto de Zúrich: ofrece visitas guiadas en bus de aproximadamente 1 hora, donde se accede a diferentes sectores del aeropuerto, entre ellos, sino que se puede vivenciar en directo el despegue y aterrizaje de los aviones a solo unos metros de distancia, en el cruce de las pistas. Para los más pequeños, El aeropuerto cuenta con una torre de control y avión tamaño niños para que puedan jugar. Precio: Adultos 10 CHF, niños de 6 a 16, 5 CHF. En la página web del aeropuerto pueden encontrar más Info respecto a los días
  • Indoors (en nuestro caso fuimos a Formel Fun, que nos queda cerca de casa). Hay muchísimos, los hay para todas las edades y son siempre una buena excusa para pasar tiempo en familia en días de lluvia.
  • Jucker Farm con figuras hechas en calabaza, desde toda clase de animales, dinosaurios, tractores, autos, gafas de sol. Vamos, lo que se les ocurra. Y, se puede comer muy rico. ( https://www.juckerfarm.ch/ )
Todo hecho con calabazas

Y si no son suficientes, o ya las conocen, etc. les recomiendo visitar la web de www.freizeit.ch, donde encontrarán actividades para hacer para todos los gustos, edades, épocas del año, etc.

Las vacaciones continúan hasta el domingo, pero Mitja y yo ya nos reincorporamos a nuestra rutina de trabajo y de a poco, en casa, las actividades son más caseras, muchas manualidades y volviendo a los horarios, para que el lunes cuando suene el despertador, Matteo pueda despertarse sin tener unas ojeras kilométricas.

Queda prohibido olvidarnos

Se que somos muchas las que nos relegamos durante la maternidad.

Somos muchas las que nos olvidamos, de nosotras mismas.

Relegamos nuestro rol de mujer, dando así  lugar y prioridad a nuestro nuevo rol de madre.

Esos roles son combinables, son compatibles y complementarios. Pero lograr el equilibrio y la fracción correcta, necesita de dedicación y tiempo. No es muy dificil pero tampoco fácil.

Relegamos también nuestra carrera, nuestros intereses.

Se pueden combinar, pero el trío mujer, madre y carrera, supone de cierta complejidad. Y de mucho esfuerzo y organización.

Ahora si a esa última combinación queremos agregarle estudios y/o reorientación profesional….entonces… ¿es catastrófico?

Supongo que no. No debería serlo. Pero tengo la convicción de que dar con el resultado de la ecuación puede resultar complejo y puede llevar años en encontrarlo.

Llevo años quejándome sobre mi malestar profesional, echándole la culpa al país, al idioma, a la idiosincrasia, a mi falta de tiempo. Llevo años actuando como una niña más que es incapaz de asumir lo que es tangible, lo que tiene frente a sus ojos. Esa niña que busca en el otro la culpa y de esta manera puede contrarestar de mejor manera su malestar.

Y así, pasa el tiempo.

Bajo excusas que excluyen aquello que nos quita el sueño. Que nos mantienen, por momento, tan a gusto en nuestra zona de comfort. Al fin y al cabo, es más simple. Es lo que conocemos. A lo que nos acostumbramos. Día a día. Y de la mano, la rutina, encargada de que todo fluya.

Pero ¿no es eso un estado mediocre?

Creo en que hay cosas que deben fluir. Momentos en los que hay que soltar y dejar que suceda.

Pero están esas otras cosas, esos otros momentos, que esperan pacientes a que las tomemos en serio. A qué le brindemos la oportunidad de actuar. Y lucirse.

No es tarde. Nunca lo es.

Siempre es posible Reorientarse. Reencontrarse. Reinventarse.

Ya estoy en ello. Llegó el momento.
En mano tengo los documentos de diferentes carreras, el contacto de una Psicologa especialista en ayuda vocacional y muchisímas ganas de emprender aquello que llevo años relegando.

Estoy convencida que solo lograré resultados diferentes cuando comience a hacer las cosas de manera diferente. Y en eso mismo estoy.

Cumpleaños infantiles

¿Quién no envejeció al menos unos meses organizando y celebrando el cumple de sus hijos? Yo siento que después de cada cumple tengo al menos diez arrugas y dos canas nuevas. Mínimamente.

Hace siete años que comenzamos con los festejos de cumpleaños, durante cinco años fueron una vez al año, hace dos que se duplicaron. Y aunque cada vez terminamos destruídos, con unas ojeras impresionantes y nos invade un sentimiento de resaca sin alcohol, al año siguiente, repetimos. Repetimos porque nos gusta, nos divierte y porque la sonrisa de oreja a oreja de nuestros hijos es la mayor recompensa.

Male en su cumple de 1
El cumple de 2 lo celebramos en la guardería de Peppa Pig y en casa de Tita, Elmo, su amigo incondicional.

Debo admitir que me encanta organizar los festejos (de todas clases, quizás debería pensar en dedicarme a ello). Meses antes estoy pensando en la temática, que, en el caso de Matteo, la elegimos en conjunto de acuerdo a sus intereses actuales. Busco, preparo, compro, guardo, vuelvo a comprar, etc. durante un largo tiempo. Las actividades de la organización quedan repartidas entre los miembros de la familia. Aprovechamos al máximo de las tías, que al no tener hijos aún, se toman esto muy en serio. Por eso, hasta el año pasado, las invitaciones estuvieron a cargo de mi hermana Florencia. Este año, por deseo expreso del cumpleañero, él mismo las confeccionó. Pero esto no significa que la tía tendrá vía libre, en diciembre le tocan las de su ahijada.

Invitaciones de Ningajo, hechas por la tía Flor – Cumple 6

Durante estos años pasamos por muchísimas temáticas: de muy pequeño, Pepa Pig, grúas y policía y animales de bosque para Male. En los últimos festejos, dinosaurios, Ninjago y en el último, aviones. Como verán, los intereses van mutando.  Por eso es siempre un enigma decifrar a esta altura si existen indicios claros de la temática que usaremos el próximo año.

Cumple de 3 de Matteo, temática: Grúas
La noche anterior al cumple del agasajado “preparamos la mesa”, con detalles como estos…

La torta es uno de los “highlights” de los cumples de mis hijos. La dejamos en manos de mi amiga Vicky, que cumple con los deseos de mis hijos. Y como ella dice, las tortas de Matteo siempre la retan a ir un pasito más allá, ya sea porque se le ocurre cambiar algo, porque le pide un Boeing 737 donde la joroba debe ser explicitamente visible, etc. Es una dicha tenerla y que nos haga tanto caso.

Otra obra de arte de Vicky de Five O’clock Cakes

Durante los primeros cumples de Matteo ( y ahora los de Malena) los niños vienen acompañados de sus padres, como es lógico. El mayor desafío es servir y agasajar a los niños, a los padres, al que cumple años y al mismo tiempo, intentar disfrutar del cumple. En estos cumples de niños pequeños, los juegos pasan a un segundo plano. Se entretienen sin grandes planes.

Cumple 1 de Malena, temática, Animalitos del bosque.
Las tortas son de https://www.fiveoclockcakes.com/

En últimos dos cumples de Matteo, donde los niños ya vienen solos, el mayor desafío es mantenerlos entretenidos. No es tarea fácil. Son niños que lo tienen todo y se aburren muy rápido. Esto me lleva a recordar los cumpleaños de nuestra infancia: eran simples, mi mamá nos hacía la torta, invitábamos cierta cantidad de amigos y la parte de juegos y entretenimiento quedaba a nuestro cargo. Mis padres no hacían ni de payasos, ni de magos, ni nos organizaban búsquedas del tesoro. Ni mucho menos lo celebrábamos fuera de casa. Sin embargo, la pasábamos muy bien y tengo hermosos recuerdos.

Como mencionado anteriormente, es un gran desafío el entretenimiento de los cumples. A lo largo de los años fuimos probando diferentes variantes, hasta que dimos con la exacta. Y creo que repetiremos hasta que nos digan basta.

  • El cumple de cinco lo celebramos en un indoor (yo estaba embarazada de Male y decidimos hacerlo de la manera más fácil para todos). Los niños se la pasaron genial, fue el cumple más relax que pasamos, pero también el más caro.
Cumple de 5, temática, Dinos
  • El de seis, fue el primero que celebró con sus nuevos amigos, lo hicimos en casa. Eran muchísimos niños, la mayoría varones, creo que una sobredosis de testosterona, sumado al mal tiempo. Terminamos reventados. Como coincide que el cumple de casi todos sus amigos varones sucede en un plazo de seis semanas, es decir, hay mucho cumple en poco tiempo, entre los padres nos pasamos algunos consejos o simplemente nos consolamos. Al final, estamos todos en la misma.
  • El de siete fue todo un éxito. La mamá de un amiguito me comentó que pensaba celebrar el cumpleaños de su hijo en el bosque. Los que me leen saben que 1) los niños en suiza van muy seguido al bosque, en cada pueblo hay uno y les encanta. 2) el único „pero“ son sus garrapatas (al menos para mi, madre extranjera). Me lo pensé, lo hablé con Mitja y dejando de lado mis temores, decidimos también celebrarlo en la naturaleza. Admito que fue la mejor decisión que hemos tomado al respecto. Y fue el primero de varios cumples que celebraremos allí. La noche anterior nos quedamos preparando la búsqueda del tesoro (fue toda una historia en pistas del pirata Igor, gracias a la creatividad y talento artístico de Mitja) y dejando todo listo para llevar el día siguiente (incluido papel higiénico y agua para lavarse las manos porque fuera de una cabaña abierta, con mesa y parrilla, poco más hay) y organizando tema logística de subir y bajar niños en coche.
Cumple de 7 en el bosque, menos decoración, más diversión.

El resto, fue soplar y hacer botellas. Un verdadero éxito, el bosque les ofrece miles de posibilidades para divertirse, cuenta con todas las herramientas necesarias para que dejen volar su imaginación. Son libres y están en contacto con la naturaleza. Encontraron el tesoro, que venía con una buena dosis de golosinas, comieron salchichas a la parrilla, torta de avión y gastaron hasta la reserva energética que tienen. ¿Que más se puede pedir?

Búsqueda del tesoro, 100% casera.
El pirata Igor…

Primer día de clases

Un recuerdo de una tarde soleada de fines de verano, precisamente un lunes de marzo de 1990, en una ciudad del Alto Valle de Río Negro, ronda hace días por mi cabeza. Quizás es un recuerdo mezclado con la imagen fotográfica que tengo de ese día. Tenía casi seis años. Iba acompañada por mis padres. Supongo también que irían mis hermanas, quizás mis abuelos. Tendría a miedo, ansiedad y miles de mariposas en el estómago. Era el comienzo de algo mágico, de un mundo desconocido hasta ese momento. Serían muchos años de recorrer submundos, de aprendizaje, frustraciones, de felicidad, juegos, amistades, maestros, cambios. También viene a mi mente lo mucho que me gustaba ir, lo bien que la pasaba allí, en la escuela.

Mi primer día de escuela, en 1990

Hoy, el que comienza casi 30 años después la escuela, es mi primer hijo. Pero los sentimientos son casi los mismos que hace tres décadas. Ahora es su turno de incursionar por esos submundos nuevos, de juegos, lecturas, conocimientos, descubrimientos, experimentos, etc. Ahora él es el gran protagonista de vida y probará diferentes roles, hasta que descubra en la piel de cual mejor se siente. Y nosotros como padres pasaremos a ser sus más grandes espectadores.

Hay una frase super trillada que usamos todos los padres, que es inevitable no usarla en estos días, pero, la verdad es que no sé en qué momento creció tanto mi pequeño gran hijo. Últimamente me encuentro revisando fotos viejas en mi celular, de sus primeros años de vida. Y le miro y veo esa carita de niño pequeño, de casi bebé. Supongo que en etapas de tantos cambios, como esta que estamos viviendo, es cuando nos tomamos un tiempo para reflexionar y darnos cuenta de cuanto camino hemos recorrido, de cuanto hemos vivido. Es que, la verdad, no pasaron tantos años, pero ha pasado tanto en la vida de ellos.

Hoy lo hemos acompañado a dar su primer gran paso en la escuela. Fue una mañana muy especial. Anoche no podía dormirse, tenía tanto miedo. Hoy se ha levantado nervioso, con mucho mix de sensaciones. Estaban todos iguales, los 22 nenes de la clase. A pesar que normalmente son de voces fuertes, la sala estaba en silencio. Hasta los más revoltosos no se movieron de sus asientos. La incertidumbre y las expectativas eran muy altas. El miedo en algunos se reflejaba en sus ojitos, inclusive en las lágrimas de unos pocos.

29 años después, mi hijo Matteo

Pudimos quedarnos con ellos durante una hora, que fue de lo más interesante. Cuando me acerqué a saludarlo, me dijo simplemente, chau mami. Y me fui tan feliz de dejarlo feliz, en ese lugar que formará parte de su vida, de su rutina. Donde ocurrirán situaciones mágicas, donde compartirá secretos y momentos con amigos, donde armará alianzas, donde asumirá responsabilidades, donde buscará su lugar y su rol. Supongo también que aprenderá que un tropezón, no es caída y si hay caída, hay que levantarse. Donde tendrá que valerse por el mismo, porque mamá no estará siempre para ayudarlo y la maestra tendrá muchos otros niños más que cuidar. Vamos, la escuela de la vida misma.

Vacaciones de verano

Durante estos 11 días estuvimos los 4, 24/7. Exceptuando las 4 horas que tuvimos Mitja y yo para salir a cenar solos una noche.

Viajes en familia, Cala Molins

Fueron unas vacaciones soñadas, en el lugar que dio origen a esta familia, donde todo comenzó. No puedo ser muy objetiva respecto a la locación, tiene un aditivo positivo en nosotros. Hacía diez años que no pisábamos la isla y trece sin volver a recorrer muchos de aquellos sitios que están guardados en nuestra memoria con tanto cariño. Hacía bastante tiempo que teníamos ganas de volver. Ya era tiempo de compartir con el resultado de esta unión, con nuestros peques.

Para que este ansiado viaje fuese perfecto era necesario que los niños permanecieran sanos durante la estadía (llevábamos dos años consecutivos de visitas a médicos durante las vacaciones y les puedo asegurar que puede ser bastante tedioso). Exactamente por este motivo, de haber vivenciado diferentes situaciones y haber dado con médicos poco recomendables, optamos por ir a un lugar donde conozcamos el sistema de salud y donde el idioma no sea una traba (lo cual nos llevo a descartar destinos como, por ejemplo, Croacia). Quien se quema una (o dos veces), aprende.

Mis solcitos en Menorca

Una vez al año hacemos vacaciones familiares. Familiares se entiende por nietos, padres y abuelos. Solemos ir con el padre de Mitja y su mujer a la playa. Esta tradición comenzó con una prueba piloto en el año 2008 en Cerdeña, solo tres días. Al año siguiente, Mallorca por otros tres. Después del nacimiento de Matteo prolongamos la estadía a una semana. Llevamos 11 años de tradición (exceptuando el verano de 2012, durante el embarazo de Matteo y un verano que estuvimos en USA).  Fueron varios años de Cerdeña,  Italia, Croacia y España. Es una semana donde nuestros hijos pueden disfrutar de sus abuelos al cien por cien y guardar esos momentos mágicos de recuerdo para toda su vida. Supongo que si no es simple ir de vacaciones con niños para quien está acostumbrado a tenerlos siempre, mucho menos lo será para quien está acostumbrado a viajar solo. Pero la verdad es que con el pasar de los años, nos vamos superando. Ellos están súper cancheros y se adaptan a los horarios o costumbres de los nenes y nosotros intentamos que sea ameno para todos.

Matteo con Grosspapi de bebé en la playa

Durante los siete días en Mallorca, visitamos unas cuantas calas preciosas, comimos rico (como siempre en España), visitamos el acuario de Palma, recorrimos sitios preciosos como Sóller, conocimos un poco más del interior de la isla y nos re-encontramos con amigos que hacía mucho que no veíamos . Fue un viaje innolvidable. En todos los aspectos.

Acuario de Palma https://palmaaquarium.com/es

La segunda parte de las vacaciones la pasamos solos, los cuatro. Adopatamos esta costumbre hace un par de años. Una vez finalizada la semana de a seis, vamos a algún otro destino solos. Está vez alargamos fuimos a otra isla que nos encanta y donde celebré mis treinta, Menorca. La idea detrás es prolongar el modo vacaciones lo más que se pueda y pasarlo entre nosotros. Desconectar totalmente, hacer lo que queramos y generalmente, no hace falta mucho. Simplemente una piscina y mucho tiempo para disfrutar.

Con Matteo en Cerdeña

Estas han sido nuestras vacaciones de verano. Nos quedan aún cinco días más y retomaremos el horario y obligaciones escolares. Muchos cambios se avecinan y los estamos esperando…

Viajes, valijas y vacaciones

 

Irse de vacaciones, es, para mí, uno de los sentimientos más gratos, más liberadores. Viajar ocupa un lugar de suma importancia en mi vida, es una pasión que adquirí de chica y de la cual nunca tendré suficiente.  Soy de esas personas que les gusta involucrarse en cada paso del desarrollo del viaje. Desde el primer instante, cuando surge la idea, el destino. Investigo, busco, comparo, cambio de parecer, selecciono, lo pienso, lo re-pienso, etc. En casa soy la encargada de la organización de nuestras vacaciones (y por si no lo saben, también es mi profesión, aunque llevo años sin ejercerla) y también de muchos miembros de mi familia y de varios amigos.

Disfruto de su preparación casi tanto como el viaje mismo. Tengo costumbres que intento llevar a cabo antes de cada viaje (aunque no siempre es posible),  por ejemplo, procuro saber bastante del destino antes de llegar, saber que quiero ver, hacer, aprender, etc. Disfruto haciendo esto, tanto si es para mí o para quién me lo pida y estoy convencida que esto fue la razón principal por la que decidí estudiar Turismo.

Sin embargo y a pesar de todo el esmero y la ilusión que le otorgo a la planificación, el día anterior a viajar, pierdo todo interés en hacerlo. Me invade un sentimiento de tristeza, de miedo, de desarraigo y en la mayoría de las ocasiones, viajo con pocas ganas.  

Pero lo cierto es que nos guste irnos o no de vacaciones,  el viajar implica hacer “valijas” ….

No sé ustedes, pero yo me pongo de mal humor cuando me toca empacar. Y mejor ni hablemos de deshacerlas.

Durante mi infancia fue mi madre quien se ocupaba de ello. De adolescente, y como es normal, comencé a ocuparme yo misma. Como fui siempre muy ansiosa,  recuerdo que comenzaba varios días antes e iba cambiando el contenido con el paso de las horas y los días. Hoy en día, o mejor dicho, desde el día que comencé a viajar con Mitja, él se ocupa de empacar. Yo selecciono la ropa de toda la familia, la dejo sobre la cama y él la guarda. No hace falta mencionar que de esta manera caben el doble de cosas y la ropa casi no llega a arrugarse debido al orden existente.

A la hora de seleccionar, tampoco soy candidata a seguir. Suelo llevar una media de 10 prendas que no usaré, pero que las llevo por los típicos por sí llueve, por sí hace frío, por sí se mancha, por sí se pierden la valijas, por sí. El otro tercio, no es combinable. Y termino usando solo un tercio de la ropa que ocuparon los 23 kilos permitidos o los 8, en caso de ser equipaje de mano. Y es muy probable que me quiera vestir con algún pantalón que dejé en casa.

Exactamente lo mismo sucede con la ropa de los niños. O peor, porque la media asciende a 20 prendas. Por las dudas, por sí…

Tengo una amiga que está a punto de sacarse un Máster en empacar. O al menos, ganarse un reconocimiento al esmero y dedicación. Creó una lista de Excel con todos los artículos que debe llevar a sus vacaciones, filtrando temporadas, destinos, fin del viaje, etc. Y no solo eso, sino que también arma los conjuntos que usará para así viajar de manera más eficiente. No sé cuántos de ustedes pueden decir que se asemejan a ella, pero para mí es admirable. Soy incapaz de siquiera sentarme a pensar en cómo confeccionar la lista. 

Y lo que antiguamente comenzaba días previos al viaje, hoy lo dejo para la noche anterior. Lo cual tampoco es óptimo, porque mentalmente armo listas de las cosas que no debo olvidar, las que hay que comprar, etc. Y aunque dejo para último momento el armarlas, el desgaste y el malhumor me acompañan por un buen tiempo…

Siempre digo que lo ideal sería viajar sin valijas…pero como dicen acá, solo son problemas de lujo.

 

 

 

Dar tiempo y dejar madurar

Las vacaciones de verano escolares comenzaron hace una semana en nuestro cantón, aún nos quedan cuatro más. Durante estos primeros cinco días hemos estado muy ocupados.

La razón:

Matteo está haciendo un curso de natación intensivo en la piscina del club de nuestro pueblo. Una decisión 100% suya, que es también un desafío personal, impuesto por él misma. Les cuento el porqué.

De bebé hizo un curso de natación, durante pocos meses, ya que era invierno y no terminó de convencerme. Cerca de los tres años y medio, lo apuntamos a otro. La primera clase fue fenomenal. La segunda, lo contrario. El solo hecho de ducharse antes de entrar en la piscina fue una lucha. Luego, en plena clase, se sumergió sorpresivamente y la maestra no se dio cuenta enseguida. Estuvo una milésima de segundos bajo el agua, lo suficiente para asustarse y no querer volver a ir. Lo respetamos y lo dejamos estar. Desde ese día que tenía pánico de sumergirse.

Nunca dejo de meterse al agua, pero siempre con sus alitas

Un año más tarde fue a un curso con el padre, los sábados por la mañana. Las dos primeras clases fueron bien, la tercera, en cuanto tuvieron que sumergirse, dejo de hacer lo que la maestra decía. Pasaba la clase en la piscina jugando. El agua le seguía gustando y se divertía. Otra vez, lo dejamos estar.

“Click”

Hace algunos días, fuimos a la piscina del club. Allí estaban dos de sus mejores amigos, jugando en el tobogán acuático. Cuando los vio, se alegró profundamente, iba a poder pasar la tarde con ellos. En cuanto lo invitaron a participar Matteo fue consciente que no podía seguirlos en el juego, ya que él ni se tiraba por el tobogán ni nadaba tan rápido como ellos. Estuvo gran parte de la tarde ofendido, supuestamente, con sus amigos, porque lo habían salpicado. Cuando en realidad el enojo era consigo mismo. El quedar excluido del juego le molestaba. Y sabía que el cambio estaba en sus manos. Para hacer un pequeño paréntesis en su enfado y no terminar todos malhumorados, nos fuimos a tomar un helado. Sus amigos terminaron acercándose y juntos fueron a la piscina de niños. Después de un tiempo, quisieron volver al tobogán y fue en ese momento que Matteo hizo ese “Click” que tan necesario es para dar un paso hacia adelante. Un Click que es producto de un cambio interno. Un Click que es sinónimo de madurez, de avance, desarrollo y crecimiento personal. Logró así Romper con esa relación deseo-miedo que tantas veces nos paraliza (a todos) y decidió armarse de valor y hacer lo que era necesario para poder continuar con el juego.

Al agua mi pato

No sé la cantidad de veces que se tiró del tobogán. Sus amigos se fueron y el continúo allí, no quería volver a casa. Esa noche me dijo: mami, que tonto fui. No sabia lo que me perdía. La próxima vez quiero ir al “carrusel” de agua (donde a través de la corriente, uno se puede dejar llevar). El inconveniente: allí no hace pie. Como tantas otras veces, le expliqué que el saber nadar es muy importante, que en una situación extrema puede salvarte la vida. Y que yo estoy dispuesta a dejarlo ir allí solo, pero que primero debería saber nadar.

Al día siguiente le comenté del curso que iban a dar en el club durante el verano. No me dijo nada. Por la noche recibí el mensaje de su “Tagesmutter” (señora que lo cuida los miércoles), diciéndome que Matteo le había comentado que en las vacaciones haría un curso de natación. Todos los días por una semana.

Unos minutos antes de comenzar con sus clases

Otra vez, Matteo me marca sus tiempos. He aprendido a aceptarlos. En sus primeros años de vida me costaba más, solía intentar por todos los medios que haga lo que yo consideraba importante para él. Gracias a su sabiduría me ha demostrado que él va a su ritmo, que logra lo que se propone, que cuando quiere algo, va por ello. Y yo he aprendido a confiar en él pero por sobre todo, a respetarlo. A escuchar sus silencios y leer su mirada, sus acciones. Y verlo tomar sus propias decisiones y luchar por los resultados que él se propone, es admirable. Me llena el alma.

Es de suma importancia, dejarlo ser. Ser quien quiera ser. Dandole libertades para que pueda decidir, sea él quien marque sus pasos, deje sus huellas. Que aprenda a equivocarse y aprenda a no frustrarse, que lo vea como una manera de volver a probar, a intentar, a buscar otras alternativas, otras opciones.

El final de un ciclo…

Llega el fin de un año escolar

Y nos atiborramos de fiestas de toda clase. Fiesta en la escuela, en fútbol, en danza, presentaciones de todas clases. Asados (barbacoas) con los vecinos, con los padres del jardín, etc. Se necesita prácticamente una agenda aparte para tantos eventos. Y un grado de flexibilidad, logística y predisposición también.

Aunque el verdadero

significado es mucho más profundo, más intenso. En nuestro caso, nuestro pequeño gran Matteo termina su primer ciclo escolar. Una etapa importante en su vida. Finaliza sus dos años obligatorios de Pre-Escolar (que aún no logro determinar si es demasiado tiempo, porque, en algunos casos, como el de nuestro hijo, comienza la primera clase con casi siete años). Dos años pasaron de aquella primera mañana en que, de la mano, dió sus primeros pasos a su pequeña gran independencia. Una mañana donde no solo nosotros y su abuela lo acompañaban, sino que también le sujetaban la mano dudas, incertidumbres, miedos, angustia mezcladas con ansiedad, felicidad, exitación. Vamos, que una revolución sentimental en grado mayor para un cuerpito tan pequeño.

Principio de Jardin, así de pequeño.

En retrospectiva

verlo tan pequeño, tan tímido, tan indefenso, hacen que quiera volver el tiempo atrás, abrazarlo fuerte y susurrarle al oído: Matteo, todo irá bien, aquí conocerás a tus futuros amigos, con quienes compartirás tantas mañanas de juegos, experimentos, paseos. Creo que se lo dije, pero seguramente fueron palabras abstractas. Palabras que, en ese momento, ni siquiera yo sabía si realmente se cumplirían.

Los primeros meses

no fueron fáciles. Le costo abrirse a “nenes” desconocidos, nació su pequeña hermana. Tuvo la suerte de contar con un apoyo incondicional de sus maestras y su equipo. Medio año más tarde, ya iba y volvía solo del jardín, invitaba niños a jugar a casa, lo invitaban a los cumpleaños (y se quedaba solo en ellos). El gran salto lo dió en el segundo año de jardín. Creó su propia indepencia, su grupo de amigos, comenzó sus clases de fútbol. La velocidad con la que maduran y se adaptan a nueva situaciones los niños es impresionante. Lo mucho que logran en tan poco tiempo es remarcable.

No me gustan los finales

ni tristes, ni felices (los hay?). Despiertan mis sentimientos más nostálgicos, de los que me debo empapar para poder aceptar el cambio y dar el próximo paso. Matteo es muy parecido en esto. Por dentro está viviendo una revolución sentimental muy fuerte. Me doy cuenta en sus cambios de humor, sus preguntas, sus ansias y sus miedos. “Calma, hijo, que los cambios traen crecimiento, madurez y experienias nuevas”. Mañana es tu último día en ese jardín tan bonito que te acojió durante todos estos meses. Es tiempo de decir Adiós, de alegrarse por todo lo que te espera pero también es tiempo de agradecer por tanto. Tanto amor recibido, tanto conocimiento impartido, tantas experiencias vividas.

Fin de su primer año

Tantos recuerdos

que guardaremos en un baúl con candado, para atesorarlos de por vida. Recuerdos tangibles (que nos trae a diario desde hace una semana), recuerdos hechos a mano, y también recuerdos intangibles, que quedan en nuestra mente, en algunas fotos y videos de momentos mágicos. Canciones aprendidas, amigos nuevos, maestras innolvidables, excursiones, recetas y muchos juegos.

Fin de año, fin del jardín.

Pero por sobre todo, hijo, admiro tu desarrollo, tu madurez, tu manera de hacer las cosas a tu modo y solo. Cuánto camino recorrido en estos dos años, hijo mío. No se puede estar más orgullosa.