El final de un ciclo…

Llega el fin de un año escolar

Y nos atiborramos de fiestas de toda clase. Fiesta en la escuela, en fútbol, en danza, presentaciones de todas clases. Asados (barbacoas) con los vecinos, con los padres del jardín, etc. Se necesita prácticamente una agenda aparte para tantos eventos. Y un grado de flexibilidad, logística y predisposición también.

Aunque el verdadero

significado es mucho más profundo, más intenso. En nuestro caso, nuestro pequeño gran Matteo termina su primer ciclo escolar. Una etapa importante en su vida. Finaliza sus dos años obligatorios de Pre-Escolar (que aún no logro determinar si es demasiado tiempo, porque, en algunos casos, como el de nuestro hijo, comienza la primera clase con casi siete años). Dos años pasaron de aquella primera mañana en que, de la mano, dió sus primeros pasos a su pequeña gran independencia. Una mañana donde no solo nosotros y su abuela lo acompañaban, sino que también le sujetaban la mano dudas, incertidumbres, miedos, angustia mezcladas con ansiedad, felicidad, exitación. Vamos, que una revolución sentimental en grado mayor para un cuerpito tan pequeño.

Principio de Jardin, así de pequeño.

En retrospectiva

verlo tan pequeño, tan tímido, tan indefenso, hacen que quiera volver el tiempo atrás, abrazarlo fuerte y susurrarle al oído: Matteo, todo irá bien, aquí conocerás a tus futuros amigos, con quienes compartirás tantas mañanas de juegos, experimentos, paseos. Creo que se lo dije, pero seguramente fueron palabras abstractas. Palabras que, en ese momento, ni siquiera yo sabía si realmente se cumplirían.

Los primeros meses

no fueron fáciles. Le costo abrirse a “nenes” desconocidos, nació su pequeña hermana. Tuvo la suerte de contar con un apoyo incondicional de sus maestras y su equipo. Medio año más tarde, ya iba y volvía solo del jardín, invitaba niños a jugar a casa, lo invitaban a los cumpleaños (y se quedaba solo en ellos). El gran salto lo dió en el segundo año de jardín. Creó su propia indepencia, su grupo de amigos, comenzó sus clases de fútbol. La velocidad con la que maduran y se adaptan a nueva situaciones los niños es impresionante. Lo mucho que logran en tan poco tiempo es remarcable.

No me gustan los finales

ni tristes, ni felices (los hay?). Despiertan mis sentimientos más nostálgicos, de los que me debo empapar para poder aceptar el cambio y dar el próximo paso. Matteo es muy parecido en esto. Por dentro está viviendo una revolución sentimental muy fuerte. Me doy cuenta en sus cambios de humor, sus preguntas, sus ansias y sus miedos. “Calma, hijo, que los cambios traen crecimiento, madurez y experienias nuevas”. Mañana es tu último día en ese jardín tan bonito que te acojió durante todos estos meses. Es tiempo de decir Adiós, de alegrarse por todo lo que te espera pero también es tiempo de agradecer por tanto. Tanto amor recibido, tanto conocimiento impartido, tantas experiencias vividas.

Fin de su primer año

Tantos recuerdos

que guardaremos en un baúl con candado, para atesorarlos de por vida. Recuerdos tangibles (que nos trae a diario desde hace una semana), recuerdos hechos a mano, y también recuerdos intangibles, que quedan en nuestra mente, en algunas fotos y videos de momentos mágicos. Canciones aprendidas, amigos nuevos, maestras innolvidables, excursiones, recetas y muchos juegos.

Fin de año, fin del jardín.

Pero por sobre todo, hijo, admiro tu desarrollo, tu madurez, tu manera de hacer las cosas a tu modo y solo. Cuánto camino recorrido en estos dos años, hijo mío. No se puede estar más orgullosa.

Un día en la escuela

Existe una linda tradición en Suiza en la que los niños de último año de pre-escolar tienen la posibilidad de conocer a sus maestras y escuela, unas cuantas semanas antes de comenzar el nuevo ciclo lectivo. 

Visita al futuro colegio

Hace un par de semanas le tocó a la clase de Matteo. Con bastante anticipación, como es normal en este país, Matteo recibió una carta, dirigida a él, donde sus futuras maestras lo invitaban a pasar una tarde juntos. Ellas los irían a buscar al jardín y juntos caminarían hasta la escuela, donde pasarían unas horas juntos. Y podían llevar sus futuras mochilas. Todo un acontecimiento. Principalmente por el lado de las mochilas.

 Las Mochilas

Claro que al ser una tradición que se repite año tras año, no nos tocó desprevenidos. Sabíamos que ese día llegaría y tener lista la “famosa y futura mochila”. Y aquí hago un gran paréntesis en mi texto y les cuento cuán importante es este tema. No logro tener en claro si es por ser extranjera o qué, pero continúo sin entender porque son estas mochilas “monstruos” tan importantes por aquí.  A ver si me explico mejor:

 ·         A pesar de ser súper ergonómicas, que están cuidadas al detalle para no dañar la espalda de los niños, siguen siendo muy grandes para el tamaño de ellos

·         Las marcas más utilizadas y vendidas cuestan muchísimo dinero. Rondan los EUR 250-350.

·         Si bien incluyen cartuchera completa con todo lo necesario, mochila para deporte y etui, siguen sobrevaloradas desde mi punto de vista.

 Y lo que me alucina es que las llevan VACÍAS. 

 Así es! En Suiza, la escuela le entrega a cada niño cuadernos, libros, cartuchera, carpeta para los deberes, fotocopias y libro de comunicaciones. Exactamente todo lo que los niños precisan. Y, exceptuando el libro de comunicaciones y la carpeta de deberes (con máximo, una o dos hojas), el resto queda en el colegio. Es por ello que sigo sin comprender el empecinamiento en mandarlos con semejantes mochilas.

 Qué si Matteo tiene una?  Claro, puedo no estar de acuerdo o no encontrarle el sentido, pero no puedo negarle a Matteo tener la suya.

Como me dijo mi hermana, pagas una mochila carísima, pero te ahorras todo el dinero que tendrías que gastar en útiles escolares. No me quejo, simplemente yo no comprender J

 Retomando el tema de la visita a la escuela

 Me quedo con la sonrisa, literalmente, de oreja a oreja, con la que salió por la puerta cuando termino la visita. Su cara me trasmitió alegría, me dio muchísima tranquilidad y supe que estábamos haciendo lo correcto.

Quedó impresionado con sus maestras, tranquilo que puede equivocarse y hacer errores, porque este era un tema que lo mantenía en vilo y le sorprendió que casi no hayan juguetes en el aula. Algo que para nosotros adultos es normal, pero ante los ojos de los niños y en su mundo, son cambios remarcables. Esas son las cosas que dejamos de ver, esas cosas que solo ven ellos y nosotros no lo logramos hacer.

Esa tarde estuvo de lo más mimoso, buscando mi cercanía, dándome besos y abrazos a toda hora. Al anochecer me dijo: mami, hoy fue un día raro, muy raro. Estoy un poco confundido. Tantas cosas, primero ir al jardín con la otra mochila, después con otras maestras a la escuela, hacer unas actividades allá, después ir a tomar un helado con vos y luego Diego en casa (un amiguito). Tengo un poco un “durcheinander” (confusión). Claro, hijo mío, son muchos cambios que se aproximan e incluyen temores, dudas, incertidumbre.

 Él está por embarcar en una nueva aventura que durará muchos años. Una aventura que lo llevarán a crecer, a madurar, donde terminará de desarrollar su personalidad, donde ocupará un lugar determinado en un nuevo grupo, donde conocerá a nuevas personas, nuevos amigos. Donde la vida le tendrá deparada muchas sorpresas.

 

 

 

Aprendiendo a ahorrar

Hoy publiqué un par de videos en mi cuenta de Instagram sobre la importancia del ahorro en los niños, del valor del dinero y la toma de consciencia sobre su uso. La verdad es que muchas me preguntan cómo lo hicimos, así que me explayaré un poquito más al respecto en este mini-post.

Hace un tiempo aún que el tema dinero es muy importante en casa. El aprender el precio de los productos del supermercado, de los juguetes que nos gustan, etc está presente en nuestras charlas a diario. Pero como enseñarles a diferenciar entre caro y barato, entre mucho y poco dinero. Entre para que ahorrar y en que gastar. Para nosotros, los adultos, tarea diaria, la de comparar precios, que comprar, cuando ahorrar o en qué invertir. Pero transmitirles a los niños el valor del dinero, algo tan subjetivo y tan abstracto para ellos, me llevó charlas con otras madres, a leer varios libros y artículos al respecto.

Por eso cuando llegó a mis manos el video de una mamá española explicando la posibilidad de enseñarles a ahorrar para tres objetivos diferentes, me pareció super adecuado para nuestra situación.

Nos pusimos manos a la obra, buscamos frascos viejos de mermelada, los pintamos con spray, le pegamos una cinta de papel en la cual escribimos el objetivo y voilá, a ahorrar!

Les cuento, se precisan tres alcancías (que pueden hacer, como en nuestro caso, con frascos viejos, o las pueden conseguir, comprar, etc).

  • Alcancía 1: Es para su uso diario, semanal o cómo quiera disponerlo. Es el equivalente al dinero que tenemos en la billetera y pueden administrarlo o gastarlo a su parecer. Si se tiene el dinero suficiente, se puede usar. Por ejemplo, para comprarse una revista, figuritas o lo que se le ocurra. También lo puede ahorrar y comprarse algo de más valor. Es decisión de cada niño.
  • Alcancía 2: Esta alcancía es la del ahorro a largo plazo. Se establece un objetivo de ahorro y para tenerlo presente, se puede escribir en la misma alcancía, sea en la tapa o como en nuestro caso, en una cinta de papel pegada sobre el frente del frasco. Puede tratarse de algo grande, que cueste cierto dinero y que el niño desee. En el caso de Matteo, eligió ahorrar para comprarse un Lego de hace un par de años y que cuesta un dineral. Esta alcancía no puede abrirse hasta obtener el dinero para el objetivo.
  • Alcancía 3: Esta es la que más me gusta y lo que me llamó más la atención del video. Para esta alcancía el niño puede elegir a quién o que entidad quiere donar el dinero que se ahorrará en ella. En nuestro caso, eligió donársela a los científicos e investigadores que están intentando descubrir nuevos remedios y vacunas para las enfermedades que tienen algunos niños.

En resumen, la idea es que de la mensualidad o paga semanal (esta es la opción nuestra), vaya un determinado porcentaje a la alcancía 1, otro a la 2 y otro monto a la 3. No hemos determinado aún cuál será el porcentaje pero lo haremos en breve.

TIP: Cuando estén en un negocio y tu hijo/a te pida que le compres algo y que luego te dará el dinero al llegar a casa, decile que no. Es importante no enseñarles desde tan pequeños el sentido del crédito. Es mejor explicarles que pueden comprarlo cuando tengan el dinero para tal fin. Que si en ese momento no lo tiene, deberá esperar a contar con ello. Lo sé, todos ya lo hicimos así, pero nunca es tarde para re-educarlos! Son muy pequeños y son súper flexibles.

A una gran mujer

Este post es especial. No voy a hablar de crianza, ni de viajes, ni de decoración. Este texto se lo dedico exclusivamente a una gran mujer, mi gran referente, mi abuela Lala.

Mis abuelos, Lala y Lalo, como siempre, presentes, en mi cumple de 9.

Mi abuela Lala

en realidad, se llamaba Aurelia (de origen latino, significado: dorada y resplandeciente). Nombre que heredó mi hija Malena. Mi abuela Lala se convirtió en Lala cuando nació mi primo mayor. Hasta ese momento era, simplemente, Aurelia, nombre que le eligió su madrina. Aurelia nació en una aldea de Galicia, cerca de Coruña, en el añ0 1920. La segunda de trece hermanos. Este año cumpliría 99, pero partió de este mundo a los 96 años, diez meses y doce días. Exactamente, un 14 de junio de 2017. Un día como hoy. Es por ello que quiero recordarla hoy y compartir con ustedes un poco más de esta mujer fuerte, tenaz, con grandes valores y a quien admiro profundamente. De quien tanto he aprendido. A quien quiero parecerme, aunque sea, un poquito.

Mi abuela en Mar del Plata en los años ’40

Corrían tiempos difíciles en España, principalmente en Galicia. Mi abuela tomaba clases de costura en Betanzos y se ocupada de cuidar de sus hermanos más pequeños, mientras sus padres y su hermana mayor, Esperanza, trabajaban en el campo. Cuando la situación empeoró, los padres le dieron a elegir, o comenzaba a trabajar con ellos en el campo o tendría que embarcarse a Argentina, a casa de unos tíos, a quienes no había visto en su vida. Aurelia no lo dudó, iría a ese país del que tanta gente hablaba maravillas, una tierra prometedora, llena de esperanzas, donde comenzar su vida lejos de su tierra. Ese país que no podía ni siquiera ubicar en el mapa, a casas de esos tíos que no conocía. 40 días de travesía en barco, junto a un conocido de la familia, desconocido para ella, no la detuvieron. Era demasiado joven e inocente para medir siquiera los riesgos que ello implicaba.

Lamentablemente poco sé de la travesía en altamar. Solo sé, que cuando llegó a Buenos Aires, no había nadie esperándola. Estuvo cuatro horas sentada en el puerto esperando a que alguien la recogiese. No puedo ni quiero imaginarme el miedo que habrá pasado, la desolación, las dudas que le habrán surgido en ese momento. Con solo quince años, con una inocencia impensada para nosotros. Una inocencia desconocida por nosotros.

Sus primeros años en Argentina no fueron fáciles. Tuvo que trabajar muy duro para poder hacer su camino. Sufrió desencuentros, desengaños, malos momentos, soledad. Lo mismo que por su familia durante la guerra civil española. Cosía incansablemente ropa para su familia, que mandaba en bolsas viejas para que nadie sospechase de que se trataba de ropa nueva. A los 24 años se casó con mi abuelo Lalo (quien hasta convertirse en Lalo era Alberto). Abrió su propia peluquería, donde trabajó sin cesar. También fue modista, de las buenas. Tuvo dos hijos, sola y lejos de casa, como tantas de nosotras, pero hace más de setenta años. No contaba con el soporte y ayuda que tenemos nosotras, ni la información al alcance de la mano, y mucho menos, con estudios. Pero hizo un excelente trabajo como madre y trabajadora. Fue una gran amiga, una gran madre, una gran mujer.

Tuvo seis nietos. Cuando mis padres decidieron mudarse a Rio Negro, en el año 1986, mis abuelos nos extrañaron tanto, que decidieron dejar la capital y mudarse a la Patagonia para tenernos cerca. Y ¡que suerte tuvimos de haberlos disfrutado tanto!

Matteo en el Campo de la casa materna de mi abuela, en Cos, Galicia.

Podría hablar sobre lo dura que fue su vida, sobre las cosas que le tocaron vivir, etc. Pero prefiero hacerlo desde mis recuerdos y no de lo que me contaron sobre ella. Porque son esas vivencias las que atesoro en mi mente, en mis recuerdos, en mi corazón. Mi vida esta marcada por ella. Mucho de lo que soy, lo soy gracias a ella. Reflexionando sobre muchas decisiones de mi vida me hacen dar cuenta que sigo sus pasos, que son sus huellas las que marcan mi camino. Yo volví a su país, a su tierra y me quedé en su continente.

Mi abuela con nosotras tres, en Río Negro, en 1988.

Recuerdo su patio con flores, rayitos de sol a doquier, geranios, aloe vera, nuestras charlas bajo el parral en verano, su máquina de coser, sus sábanas con un perfume inconfundible (que me trasladan a los momentos mas lindos de la vida, la infancia y su inocencia). Viajes en colectivo, paseos en la plaza, tardes de cine y visitas al kiosco. Sus fideos con manteca, su salsa de tomate, su pollo al limón, sus mates (soy tan matera gracias a esta galleguita hermosa que me transmitió esta tradición tan bonita), sus ojos claros, únicos. Su amor propio, su coquetería, porque era tan coqueta, tan presumida. Y la razón que tenía.

Nosotras tres con nuestra gran abuela

Cuando conocí y pisé su tierra por primera vez, en el añ0 2016, un remolino de sentimientos se apoderaron de mí. De mis ojos brotaron lágrimas, en mi corazón, sentimientos encontrados. No puedo explicarlo, pero el estar allí, en esa tierra tan poderosa, tan mía, tierra de mis raíces, me dí cuenta de que hay mucho más de mí en ella de lo que creía. Me invadieron sensaciones muy fuertes. Fueron días mágicos, de introspección. Me sentí mucho más unida a ella, a su pasado, a su vida, a su tierra, a su familia, a sus comienzos, a mis raíces, a mi pasado.

Bautismo de Matteo.

Dicen que las gallegas son medias brujas (cosa que aprendí cuando estuve allí). Mi abuela no era la excepción. Quien la conoció sabe perfectamente a lo que me refiero. Y aquí les demostraré cuan cierto era esto. En febrero de 2017 me llama mi mamá una tarde y me dice, la abuela dice que viene la nena en camino. En ese momento no existían planes de otro hijo. A fines de febrero, principio de marzo quedé embarazada. De una nena. Cuando supe que era nena, decidí darle a mi hija la posibilidad de llevar el nombre de la mujer a quien más admiro. Para mí, que Malena se llame Aurelia me llena de orgullo y siento que algo de ella sigue presente en nuestras vidas.

Nuestra última Foto juntas. Desgarrada de dolor con la certeza de saber que era nuestro último abrazo, nuestro último momento juntarás.

No pude despedirme de ella como hubiese querido. Fuí muy cobarde. Cuando su salud empeoró drásticamente, tuve la posibilidad de viajar a Argentina sola, en un viaje relámpago. Tenía la reserva hecha, pero un miedo interior me paralizó. No viaje. No me animé a dejar a Matteo solo y cruzar el Atlantico. ¿Si me lo recrimino? A veces. Otras veces, pienso que en fondo fue una manera de guardarla en mi memoria como en esa última foto juntas. En sus últimos meses empeoró mucho, me costaba reconocerla en las fotos. Lloré mis mares de lágrimas durante esos días, me arrepentí miles de veces, me perdoné otro centenar. Le escribí una carta de 10 páginas que le hice leer a mi mamá. Le dije hasta el cansancio lo que la adoré, lo que la adoro. Ella lo sabe, y es todo lo que a mí me vale. Matteo la recuerda, me habla de ella con una naturalidad increíble. La lloró a la par mía, a la par de mis hermanas, de mi madre. Mi abuela se fue, partió, como correspondía a su edad y cómo es la ley de la vida, pero sigue presente en nosotros. La siento a mi lado ( y ella se encarga de que así sea). Eso es todo lo que importa. Sentirla cerca. Su impronta sigue y seguirá presente en nuestras vidas. Sus enseñanzas, sus valores. Su amor también. Y eso es todo lo que cuenta y lo que vale.

Reciclando muebles

Siempre me gustó decorar y re decorar, cambiar y montar y desmontar muebles. Me gusta ir cambiando el aspecto del lugar donde vivo. Me gusta otorgarle una nueva mirada, una nueva personalidad. Mis muebles sufren mi variedad en los gustos, las tendencias, mis búsquedas en Pinterest y por supuesto, padecen también mis cambios hormonales. Creo que mi familia también, pero de eso no vamos a hablar ahora.

Shabby Chic

Hace un par de años hice un curso de Shabby Chic, donde aprendí a darle ese toque romántico a los muebles viejos. Mi primer reciclado fue un baúl viejo que compré en un Brocki (una casa de compra venta de segunda mano que tiene sucursales en toda Suiza). Cuando me presenté al curso recuerdo a la perfección la cara de la profesora. No hacía falta que dijiese nada, su mirada lo decía todo. No me molestó, yo estaba convencida que era exactamente ese mueble el que quería pintar. El curso duró todo el día, desde las nueve de la mañana de un sábado hasta las seis de la tarde. Eramos cuatro personas, algunas trabajando en muebles pequeños, mi amiga en una cómoda enorme y yo tan feliz con mi baúl. Fue mi primer reciclado, mi primer Shabby Chic y la verdad que el resultado superó mi expectativa (pero por sobre todo la de la profesora que no paraba de decirme de lo sorprendida que estaba). Desde ese día ocupa un lugar muy importante en la entrada de casa, es donde guardamos todos los zapatos (y son muchos, teniendo una hermana que los hace). Son ya varias las visitas que me preguntan donde lo compré (y pocos se creen que lo hice yo)

Ikea Hacks

Y ni les cuento desde que descubrí todas las posibilidades de “hackear” los muebles de Ikea. En la mayoría de los casos, quedan irreconocibles. Uno de los grandes hackeados de Ikea son sus cocinas Duktig. https://www.ikea.com/ch/de/catalog/products/60319972/?_ga=2.90216154.1319271447.1559812647-630675617.1558358453 Como nos habíamos propuesto reciclarle una de estas cocinas a Malena y el día anterior a enterarme que estaba embarazada de ella había vendido la cocina de Matteo, nos tocó comprarla de nuevo.

Como nombré anteriormente, Pinterest (www.pinterest.com) es mi fuente de inspiración (y la de tantas personas más). Admiro la creatividad (sin límites) y las manos talentosas. No pertenezco a ninguno de estos grupos. Siempre fuí bastante mala con las manualidades (en parte por mi poca paciencia). Pero tengo un marido que cuenta con ambas cualidades. Somos un buen equipo. Yo busco las ideas, consigo los materiales y pinto. Del resto se ocupa él. Desde hace una semana que estamos trabajando en nuestros ratos libres en este proyecto (que lo precederá hacer nuestras propias baldosas para nuestra terraza con motivos, idea que por supuesto no es mía). Aún queda por terminar pero les comparto como va quedando.

Las terminaciones doradas las hicimos con un Spray. No lo recomiendo, se salta.

La pintura que siempre usamos para pintar los muebles de los chicos es de Oecoplan (www.bauundhobby.ch). Otro ejemplo:

Esta estantería era un viejo aparador de cocina, hoy una mini biblioteca.

¿Son de reciclar muebles? ¿Les gusta?

En los días de sol…

En países como este, donde el buen tiempo no abunda, donde los días de calor y sol se cuentan en pocas decenas, las personas solemos tener el nivel de la vitamina D por el suelo.

Y se siente. Se siente física y emocionalmente

Lo cual nos lleva a buscar desesperadamente disfrutar del buen tiempo en cuanto un rayo de sol asoma por nuestra ventana. Tenemos una necesidad alta de buen tiempo. Lo cual me lleva a pensar en lo paradójica que puede ser la vida. Me crié en una región donde casi nunca llueve. Bastante lejos de aquí, en el norte de la Patagonia. Donde el cielo es azul, no celeste. Ese azul intenso, esa carencia de nubes. Es azul entrañable. En ese rincón de la tierra, donde la lluvia casi no existe, la gente no tiene paraguas, ni botas de lluvia.

En verano, hay tormentas. Tormentas que llegan después de varios días de calor infernal, para, por un par de horas, aliviar, descongestionar. Son tormentas con aroma a campo, a tierra húmeda. Tormentas que se hacen escuchar, tormentas de verano.

Por eso, cuando vivía tan lejos de acá, me encantaba la lluvia, tenía ese algo especial que solo se aprecia cuando escasea. Ahora, que vivo en un lugar de la tierra donde las precipitaciones son moneda corriente, es el sol intenso y el cielo azul lo que extraño y lo que aprendí a valorar.

Imagen de las “bardas” a orillas del Río Negro.

Ese sol que se hace desear

En Suiza, cuando brilla el sol y comienza el calorcito, sobre todo, cuando es fin de semana o feriado, tendemos a querer hacer tantas cosas que ó tenemos pendientes, ó porque solo se pueden hacer con buen tiempo, ó simplemente porque queremos aprovecharlo y recargar un poco de vitamina D, que terminamos colapsados y sobrecargados. Al igual que los sitios públicos donde se puede disfrutar de la naturaleza, como ríos, lagos, piscinas, campings, etc. No hay lugar en las pocas heladerías que existen ni en los cafés, las terrazas de los restaurantes están llenas, ni queda carne en los supermercados para la parrilla. Ni hablar de quien se anime a viajar en dirección sur y quiera cruzar el Gotardo. Le esperan varias horas en el coche, parados.

Este fin de semana harán temperaturas veraniegas. Oscilaran los 30 grados. Y tenemos visita, de nuestros entrañables amigos de Múnich. Queremos pasar con ellos unas cuantas horas al aire libre, en buena compañía. Por eso le mandé varias opciones a mi amiga para que elija. Y las comparto con ustedes, quienes estén por esta zona, por si les interesa. También les agradezco recomendaciones para tener en cuenta. Aquí mis propuestas para un sábado de calor con niños:

  • La Isla de Mainau (en el Lago de Constanza, o Bodensee, del lado alemán), también conocida como la isla de las flores. Como su nombre lo dice, es una isla compuesta por varias héctareas con flores, árboles y plantas de todas partes del mundo. Fuimos un par de veces y nos encanta. En la isla se puede acceder a un castillo y a un criadero de mariposas. Cuenta con un parque de juegos a lo grande para los pequeños. Abre desde el amanecer hasta el ocaso. El precio por adulto es de EUR 21.50 y de los niños hasta los doce, gratis. El parking tiene un costo de EUR 5, que se abona en la entrada.
Matteo a orillas del Bodensee https://www.mainau.de/de
  • Allensbach (también en la región del Bodensee, del lado alemán a 15 minutos de Konstanz) Es un parque de animales (Tierpark) en medio del bosque. Hay osos, jabalíes, pavos reales, cabras, gallinas, ciervos, etc. Se puede alimentar a los animales (lo cual es siempre un highlight para los nenes). Hay un parque de juegos, toboganes gigantes, camas elásticas, restaurant, paseo por el parque en tren, go carts, posibilidad de hacer tu propio asado (cuenta con parrillas al lado del estanque). La entrada para adultos es de EUR 10, Niños de 3 a 14 EUR 8. Se puede aparcar gratuitamente en su entrada.
Alimentando a los animales en el Wild-und Freizeitpark Allensbach https://www.wildundfreizeitpark.de/
  • Hacer un recorrido en catamarán por el río Rin. Tomarnos un súper helado en la Gelatería Micheangelo en Rüdlingen (helados italianos artesanales deliciosos, los sabores varían de un día para el otro). Seguido por un paseo a orillas del río, donde Matteo puede llevar su red de pesca y pasar junto a su amigo unas horas disfrutando y descubriendo la naturaleza. También se puede incluir una visita al Naturzentrum Thurauen en Flaach (abierto de 13 a 17 hs). Tiene un pequeño circuito en la selva que es lo que más disfrutan los niños, con la posibilidad de descubrir animales escondidos en la maleza. Precio CHF 7 adultos, Familias CHF 15 (niños menores de 6 gratis). Cena en la granja Lindenhof, en Buchberg. Un lugar increíble en la cima de una colina, con unas vistas impresionantes. El destacado para los nenes, un gran parque de juegos y animales. Para los adultos, la parrilla.
En Lindenhof, Buchberg https://lindenhof-sh.com/
  • Parque de animales Arth Goldau, que cuenta con una cantidad impresionante de animales (zorros, lechuzas, reptiles, anfibios, etc). Está abierto los 365 días del año. Precio: CHF 18 adultos, CHF 8 niños de 6 a 16 años. (https://www.tierpark.ch/

Son de planear muchas cosas los días de sol y calor? Sienten que no llegan a hacer todo lo que les gustaría? Comenzaron a apreciar los días soleados mucho más que antes?

Criar entre dos culturas

es uno de los mayores retos que se nos presentan a los padres de niños biculturales. Principalmente cuando se trata de culturas diferentes.

El emigrar require de aprender a adaptarse e integrarse en una nueva cultura. De formar parte de ella y en caso de ser posible, inclusive y muy recomendado, es sentirse parte. Para lograrlo, en algunas ocasiones toca dejar de lado muchos prejuicios, en otros ser abierto a situaciones nuevas y brindarle una oportunidad a aquello que no conozco. Mis humildes tips para quienes estén pensando en emigrar, o para quienes estén recién llegados a un nuevo destino. Pero como este post es sobre la crianza en otro país, dejo este tema para otro día.

Cuando llega el momento

de criar a nuestros hijos lejos de casa, nos atormenta la incertidumbre de como lograr un ensamble justo que les permita absorber lo mejor de cada cultura. En nuestro caso, lo vamos intentando a medida que ellos crecen, dejando muchas veces que fluyan las situaciones y siempre, respetando tradiciones y costumbres que creemos importantes transmitir. 

Para ello

hacemos un mix costumbres suizas y argentinas (aunque procuramos respetar las locales) y agregarles, en la medida necesaria, una pizca de las arraigadas. El ejemplo más claro es la hora de la cena. Con Mitja nos comprometimos a encontrar un horario que se ajuste entre el típico de cena en Suiza y el que nos quede bien a nosotros como familia. Así que, si bien cenamos un poquito más tarde que una familia local, seguimos dentro de los márgenes aceptables aquí. La flexibilidad est una constante en nuestras vidas (no queda otra cuando hay tanta mezcla involucradas) y muchas veces terminamos cenando a la hora que se pueda. Pero que sería de las familias si no existiese la posibilidad de cambiar las reglas y adaptarse a las circunstancias?

Papa Noel vs. el Niño Jesús (Christkindli)

Pino de navidad natural con velas de cera que se encienden para acompañar la velada, mientras se lee el pasaje de la biblia del nacimiento de Jesús (tradición familiar).

Cuando nació Matteo y celebramos nuestra primer Navidad como familia conformada, nos cuestionamos quién traería los regalos (hasta ese momento no había sido necesario semejante planteo). Por un lado, en mi país, Argentina, es Papa Noel el encargado de traer, a las doce de la noche, los regalos. En Suiza es el niño Jesús (como era antiguamente en Argentina) y por supuesto, no a las doce de la noche, sino en algún momento de la velada. Pero decidimos que como aquí vivimos, será el Niño Jesús quien traiga los regalos a esta casa. Y le explicamos a nuestros pequeños que, como el mundo es tan grande y hay tantos niños en él, el pobre Niño Jesús no alcanzaría con todo, por lo que las tareas son repartidas por continentes, y en Argentina cuenta con la ayuda de un señor mayor, con barba blanca y traje rojo, que su risa puede asustar a más de uno (ante la eventualidad que alguna vez decidamos pasar las fiestas por aquellas latitudes).

Pero siempre existe la excepción a la regla

Matteo disfrutando de una tradición presente en nuestra vida diaria, el mate. En este caso, tereré o mate con jugo, como él lo llama

Existe una tradición a la que no podría renunciar. Ni quiero. Al mate. Mi abuela Aurelia, Lala para nosotros, gallega, quien con quince años llegó sola a Argentina, era una gran cebadora de mate. Debía yo tener cinco o seis años cuando comencé a tomar mate (dulce, por supuesto) con ella. En casa no se tomaba mate. Por lo tanto esa hermosa costumbre (y con un significado tan bonito) la adquirí en casa de mis abuelos, uno de esos lugares que permanecen en el recuerdo de uno, intacto,al igual que sus olores, sus colores, sus matices. Lugares que saben a felicidad, que saben de felicidad. Lugares donde uno fue feliz.

Tomo mate a diario, normalmente sola (estoy tan acostumbrada a hacerlo así que cuando me toca esperar, me impaciento). Es una costumbre tan presente en mi rutina que cuando Matteo era muy pequeño, fuimos a celebrar el día de la madre al bosque juntos con unos entrañables amigos, y de pronto aparece Matteo con un “mate” confeccionado por él (un palito dentro de un vaso) y me dijo: mate para mamá. Imagínense. Me derretí. Y a pesar de que nunca intenté imponer esta tradición en casa, Matteo toma tereré y de hecho, él mismo me invita a que tomemos juntos y ceba él. Costumbres que se transmiten. Costumbres que no se pierden. Que permanecen.

Pero muchas veces

se tratan de costumbres y tradiciones más fuertes (por ejemplo, temas religiosos). Creo fervientemente que no es necesario dejar de lado las creencias de uno, siempre y cuando no afecten el desarrollo y la vida social de nuestros hijos en sus países de nacimiento o crianza. Es importante transmitírselas de una manera que ellos puedan gestionarlas sin que ello interfiera en su crecimiento e integración.

La ventaja que contamos las familias biculturales es la dualidad. Siempre se les puede explicar que esto es así aquí y allí es al revés, o de otra manera. Sorprende la facilidad que tienen de asimilarlas y cómo le gusta también disfrutar de esas pequeñas ventajas. El poder hacer algunas cosas de manera diferente al resto. Otras veces nos sorprenden ellos, tratando de arraigar costumbres locales desconocidas para nosotros. Ellos nos van guiando, nos muestran en que desean ser como el resto y en que quieren diferenciarse. Y de eso se trata criar respetuosamente. Escuchando sus deseos, sus necesidades, sus miedos.

¿Alguna tradición a la que les cuesta renunciar? Y ¿alguna tradición local que les cuesta asimilar y transmitirles a sus hijos?