Futuros “expatriados”

Ser una expatriada argentina en Europa es uno de los motivos más comunes por los que muchas personas con ganas de emigrar me escriben y consultan sobre los diferentes aspectos a tener en cuenta a la hora de emigrar.

Mi experiencia

Siempre respondo, les aclaro lo siguiente: “no emigre directamente a Suiza ni tampoco en familia”. Es un bueno tenerlo en cuenta, porque:

Con mi “host mom” Donna, en el año 2011, diez años después de haber vivido un año en su casa en USA
  1. cuando emigré, no llegaba a los 22 años (éramos yo, mi otro yo y mi ego que dejaban una tierra, amistades y familia). Pero no tenía hijos ni responsabilidad alguna.
  2. mi primer destino fue Palma de Mallorca, no Suiza. Y gracias a Juli, una amiga argentina-española que había conocido en USA durante un año de intercambio, y su familia, que me abrieron las puertas de su hogar, que me ayudaron, me contuvieron y me dieron Tips super valiosos, fue posible dar el primer gran paso.
  3. siempre tuve en claro que quería vivir en el extranjero. Tengo recuerdos de mis 5 años, cuando estaba convencida que me iría a Nueva York (y le decía a mi mamá que la llamaría para avisar que estaba todo bien después de haberme subido a la estatua de la libertad). Con 6 años, en una fiesta de cumpleaños de 80, en el Club de Leones de mi ciudad, escuché hablar por primera vez de los intercambios estudiantiles (supongo que habría alguien que lo había hecho). Recuerdo (como si esos 30 años de por medio no hubieran pasado) que al irnos de la fiesta les dije a mis padres con toda la seguridad que puede tener una niña de seis años, que yo también me iría de intercambio en mi adolescencia (y lo hice, 10 años después de ese episodio, un año entero en Kansas City, en una familia increíble, donde conocí gente que marcarían mi vida en tantos aspectos).
  4. después de esa experiencia, mi hambre de viajar por el mundo y conocer diferentes países y culturas, aumentó.
  5. mi sangre migrante que corre por mis venas debe tener mucho que ver.
  6. la insistencia de mi padre en que vea el mundo, tendrá otro poco.
  7. la carrera que elegí me permitió conseguir trabajo rápido. Y tiene otro poco que ver con esto de viajar. O de emigrar.

Les cuento esto, porque se que a muchos les interesa saber los motivos o los deseos que llevan a una persona a emigrar. Muchas veces son propios de uno, otras veces por seguir a otra persona, por superación, por trabajo, carrera, por mejorar la calidad de vida, por salud. Abundan los motivos…

¿Me animaría “hoy” a venirme a Europa con hijos? No lo sé, simplemente porque no vivo la realidad del día a día como padres en la situación que se vive en Argentina. O en cualquier otro lugar. Pero sí los entiendo cuando me dicen que como padres quieren lo mejor para sus hijos, un futuro mejor que la incertidumbre y la inseguridad. Y como todos padres, solo queremos lo mejor para nuestros hijos. ¿Si lo volvería a hacer? Seguro (aunque algunas veces me pregunto como hubiera sido mi vida allí).

¿Qué les aconsejo? Que hagan todas las averiguaciones posibles, y acá les comparto mis consejos (la mayoría; los típicos) para ayudarlos a todos los que se están planteando migrar:

  1. que migren con los documentos necesarios o con un contrato de trabajo. Que muchas veces, aparte de tener el pasaporte de, por ej, la EU no significa que automáticamente esté todo solucionado. A veces es necesario contar con otros papeles.
  2. que no hay que idealizar el mundo. Ni Europa es la salvación, porque mucho lo tendrás que poner vos. Pero si hay oportunidades, hay que verlas y aprovecharlas.
  3. que sepan inglés (es casi indispensable) y sino, que se pongan a estudiarlo cuanto antes.
  4. que si saben destino con mucho tiempo de anticipación, estudien un poco la historia, el modelo político y el idioma del país. ¡Les ayudará!
  5. que se contacten con personas de su misma nacionalidad que estén viviendo en ese país y pidan consejos (para eso hay muchos grupos de Facebook de, por ej., argentinos en tal o tal país). Generalmente son los que mejor conocen la situación.
  6. que todos los miembros de la familia estén de acuerdo con la decisión (por lo menos, los adultos). Si es solo el deseo o sueño de solo uno, suele complicar las cosas en destino.
  7. averiguar cómo funciona el sistema de salud, impuestos, revalidaciones, etc. Tampoco olvidar como es el clima (importantísimo si emigras a países en latitudes muy diferentes a las que están acostumbrados)
  8. si hay niños en la familia, averiguar sobre el modelo educativo del país receptor. (evita grandes sorpresas).
  9. cada uno conoce su situación económica, pero hay que contar con algunos ahorros para establecerse.
  10. que tengan en claro que habrán muchas piedras en el camino, pero que se pueden sortear.
  11. que no valen las comparaciones. Nunca, pero en ningún aspecto.
  12. que hay que abrir la mente, dejar prejuicios de lado.
  13. que mantener amistades a la distancia es un esfuerzo enorme (cuanto más pasa el tiempo, peor) por eso es indispensable hacer nuevas. Se puede! Te vas sorprender de cuantas personas maravillosas conocerás en tu nueva “vida” y que pasarán a ser tu nueva familia.
  14. que vas a vivir diferente. Porque vos vas a ser diferente. Quieras o no, una parte tuya quedará en tu lugar de pertenencia. Y otra, te acompañará, evolucionará. Siempre lo cuento, aquí soy Ana (exceptuando pocas personas que han logrado ver más alla de mis corazas y han sabido leerme entre lineas), en Argentina, Ana Laura.
  15. que jugarás de visitante muchos partidos.
  16. importantísimo: Tu país por adopción no es tu país originario. No lo olvides. Ni uno es mejor ni el otro peor. Son diferentes. Uno es elección, el otro, corazón. O al revés?

No dejen nunca los sueños aplazados, al final del día, terminan convirtiéndose en pesadillas, o desvelos. Pero sí les recomiendo, pensarlo, evaluarlo, hablarlo, revisar planes, proyectarse, conocer límites personales y familiares. Es el ABC del migrante.

Por eso, las visitas a tu familia y tu país son tan importantes, es una recarga de afecto

¿Algún otro consejo de “expatriados” que se me haya pasado y que pueden ser útiles para todos los que están pensándolo?

Primer día de clases

Un recuerdo de una tarde soleada de fines de verano, precisamente un lunes de marzo de 1990, en una ciudad del Alto Valle de Río Negro, ronda hace días por mi cabeza. Quizás es un recuerdo mezclado con la imagen fotográfica que tengo de ese día. Tenía casi seis años. Iba acompañada por mis padres. Supongo también que irían mis hermanas, quizás mis abuelos. Tendría a miedo, ansiedad y miles de mariposas en el estómago. Era el comienzo de algo mágico, de un mundo desconocido hasta ese momento. Serían muchos años de recorrer submundos, de aprendizaje, frustraciones, de felicidad, juegos, amistades, maestros, cambios. También viene a mi mente lo mucho que me gustaba ir, lo bien que la pasaba allí, en la escuela.

Mi primer día de escuela, en 1990

Hoy, el que comienza casi 30 años después la escuela, es mi primer hijo. Pero los sentimientos son casi los mismos que hace tres décadas. Ahora es su turno de incursionar por esos submundos nuevos, de juegos, lecturas, conocimientos, descubrimientos, experimentos, etc. Ahora él es el gran protagonista de vida y probará diferentes roles, hasta que descubra en la piel de cual mejor se siente. Y nosotros como padres pasaremos a ser sus más grandes espectadores.

Hay una frase super trillada que usamos todos los padres, que es inevitable no usarla en estos días, pero, la verdad es que no sé en qué momento creció tanto mi pequeño gran hijo. Últimamente me encuentro revisando fotos viejas en mi celular, de sus primeros años de vida. Y le miro y veo esa carita de niño pequeño, de casi bebé. Supongo que en etapas de tantos cambios, como esta que estamos viviendo, es cuando nos tomamos un tiempo para reflexionar y darnos cuenta de cuanto camino hemos recorrido, de cuanto hemos vivido. Es que, la verdad, no pasaron tantos años, pero ha pasado tanto en la vida de ellos.

Hoy lo hemos acompañado a dar su primer gran paso en la escuela. Fue una mañana muy especial. Anoche no podía dormirse, tenía tanto miedo. Hoy se ha levantado nervioso, con mucho mix de sensaciones. Estaban todos iguales, los 22 nenes de la clase. A pesar que normalmente son de voces fuertes, la sala estaba en silencio. Hasta los más revoltosos no se movieron de sus asientos. La incertidumbre y las expectativas eran muy altas. El miedo en algunos se reflejaba en sus ojitos, inclusive en las lágrimas de unos pocos.

29 años después, mi hijo Matteo

Pudimos quedarnos con ellos durante una hora, que fue de lo más interesante. Cuando me acerqué a saludarlo, me dijo simplemente, chau mami. Y me fui tan feliz de dejarlo feliz, en ese lugar que formará parte de su vida, de su rutina. Donde ocurrirán situaciones mágicas, donde compartirá secretos y momentos con amigos, donde armará alianzas, donde asumirá responsabilidades, donde buscará su lugar y su rol. Supongo también que aprenderá que un tropezón, no es caída y si hay caída, hay que levantarse. Donde tendrá que valerse por el mismo, porque mamá no estará siempre para ayudarlo y la maestra tendrá muchos otros niños más que cuidar. Vamos, la escuela de la vida misma.